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temas clave: psicoanálisis Lacan política pensamiento revista digital

El sujeto irresponsable y triste

Blanca Aragón
Psicoanalista
Madrid

“Un color invariable rige al melancólico: su interior es
un espacio de color de luto; nada pasa allí, nadie pasa.”
Alejandra Pizarnik, “La condesa sangrienta”.
                                                             

Comencemos con un acertijo:

¿Qué tienen en común una novela policiaca alemana y las consecuencias del huracán Katrina en Nueva Orleans?

La novela en cuestión, publicada en España a principios del 2011, es “Sorry” de Zoran Drvenkar. Debe su originalidad al punto de partida de la trama: Cuatro jóvenes ponen en marcha una empresa que se dedica a pedir perdón en nombre de quien solicite sus servicios. El rápido éxito del proyecto radica en descargar de culpa al cliente al tiempo que se le evita la confrontación con la persona agraviada, a cambio de un pago. En definitiva, la novela nos habla de la compra de la minoría de edad ofertada junto con la irresponsabilidad que ésta conlleva.

En la misma línea -aunque nos sorprenda menos-, se encontraría la película “Up in the air” donde se trata de una empresa especializada en comunicar despidos, ahorrando “el mal trago” a las empresas contratantes.

Cobardías a la carta.

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El crepúsculo de los dioses. Nazismo y kitsch

Andrés Devesa
Madrid

En el verano de 1937 se inauguró en Munich una exposición de arte titulada «Entartete Kunst» (Arte Degenerado). En ella se pudieron ver por última vez en la Alemania nazi obras de los más importantes artistas de vanguardia (Max Ernst, George Grosz, Paul Klee, Pablo Picasso, Vincent Van Gogh, Marc Chagall, Wassily Kandinsky, Otto Dix y Eduard Munch, entre otros muchos). Más de 600 obras que habían sido confiscadas a museos, instituciones y particulares y que se expusieron junto a obras de enfermos mentales. Unas y otras fueron colocadas sin guardar ningún orden, apiladas, muchas sin marco y, en ocasiones, acompañadas de títulos burlescos y comentarios despectivos. Las vanguardias artísticas habían sido prácticamente exterminadas tras la llegada al poder de los nazis (aunque esta decisión no se tomó sin un cierto debate en las altas esferas), que las veían como un síntoma de decadencia, «producto de mentes sifilíticas y de infantilismo pictórico». Con esta exposición, los nazis pretendían mostrar la «degeneración» del arte de vanguardia, que se equiparaba a las obras de los locos. El argumento era muy sencillo: sólo los locos, los degenerados y los impuros (racial, política o culturalmente) podían oponerse a los valores morales y estéticos de la nueva Alemania. Y a todos ellos había que tratarlos con la mayor severidad. Había que extirpar el virus.

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El ciudadanismo o la ideología difusa de la ciudadanía

Mario Domínguez Sánchez
Sociólogo
Madrid

El propósito de escribir sobre o contra la ciudadanía no es ofrecer recetas directas para actuar identificando con claridad una ideología para salirse de ella, ni tampoco se trata de fijar una forma contemplativa y desesperada que invite a la inacción. Estamos además en presencia de un paradigma explicativo débil, hecho de pequeños conceptos o nociones que tratan de conjugar aspectos contradictorios, máxime cuando se trata de buscar las conexiones del yo a lo social y a lo político. También cabe insistir en la ambivalencia de los conceptos analizados: los dispositivos ideológicos y políticos desplegados sirven, han servido, a la vez de mecanismos de liberación y de captura. No hay una praxis de superación y quizá por ello existen motivos para insistir en la necesaria autonomía de la teoría. Si no estuviera permitido pensar ni decir más que aquello que se puede traducir en una forma de acción práctica no sería posible formular ni un pensamiento radical (por aquello de que va a las raíces de las cosas), ni subversivo (esto es, que calcula las leyes que funcionan por debajo de lo visible). La crítica no se puede cambiar a toda prisa en moneda política (como sucede en cierta medida con las teorías de la multitud o de los comunes) ni admite una aplicación a la vida personal de cada uno/a. Por todo ello, pensar la ruptura de las categorías fundamentales de la socialización capitalista trata siempre de imaginar más allá de las propuestas que buscan mejorar el presente sin cambiar nada y de las cuales el ciudadanismo es un buen ejemplo.

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El poder del miedo, el miedo al poder

Carlos Ledesma Lara
Psicoanalista
Madrid

(…) todo hombre… se convierte en cierta medida en un comerciante.
Adam Smith

En la introducción de Psicología de las masas y análisis del yo, Freud afirma que no es posible estudiar los caminos que un hombre aislado recorre para alcanzar la satisfacción de sus deseos o intereses sin considerar inevitablemente las relaciones y vínculos que tiene con sus semejantes, con la comunidad y su cultura. El hombre-cliente contemporáneo, con gran dificultad para construir una identidad o sostenerla, dificultad que parece incrementarse día a día, temeroso habitando un mar de incertidumbres económicas y sociales, busca a través de la posesión de bienes y objetos, que no siempre poseen utilidad práctica, compensar o taponar de algún modo el vacío y el miedo a no-ser: el consumo, dice Pichón-Riviere, se vuelve una forma de socialización. A su vez las políticas gubernamentales de inyección de rumor y pánico, alternadas por momentos de euforia bursátiles, acentúan el carácter ciclotímitico de una sociedad que promete atrapar un botín en cualquier momento.

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Fe en el objeto

Liliana Lindenbaum
Psicoanalista-Madrid

Ser felices y para siempre es un ideal y como tal inalcanzable. Encontrar un sentido a la existencia, otro motivo de sufrimiento para el ser parlante. Estamos condenados al malentendido, a la decepción, a la insatisfacción, a la incompletud, gracias al lenguaje. En los sueños y fantasías nuestros deseos se realizan, pero en la realidad a la satisfacción alcanzada siempre le faltará para ser la satisfacción esperada.

Esta infelicidad estructural de lo humano, este vacío, puede ser un motor para la creación1 pero también motivo de diversos sufrimientos.

La cultura del consumo que padecemos, fabricada por el Dios del dinero y la tecnología, ofrece multitud de objetos, que disfrazados de objetos causa del deseo pasan al registro de objetos “necesarios”. La ciencia experimenta soluciones químicas equivalentes para paliar el sufrimiento, una respuesta no siempre eficaz ante la fiereza de la angustia.

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Atornillados a su debilidad

Laura Salino
Psicoanalista
Madrid

El recuerdo del muerto emerge en magras anécdotas.
Rodolfo Walsh

No se puede creer (…) sin un solo minuto de desfallecimiento.
 Albert Camus

Ayer, el relato de una escena, una leyenda, una historia, se nos aparecía como el modo de acercarse a la cosa: el lenguaje en su oficio.

Hoy, primero la foto: un animal exánime yace tendido sobre la tierra que otrora supo habitar, el cuerpo agujereado por la cobardía del otro, bípedo implume cuyo brazo se prolonga en el arma de fuego, la sonrisa sucia aunque blanqueada, la bota apoyada sobre el cuerpo extinto. ¿A quién se le ocurre llamar a eso valentía?

Digámoslo de una vez: el cobarde no se acerca jamás a la cosa, al objeto. Lo aniquila a distancia por miedo o ignorancia (siempre buenos compañeros). Traiciona las reglas del juego, hace trampas con el ojo, con la máquina que hoy lo asiste y sirve –y, por lo tanto, de la cual depende– para enmudecer la voz que insistiría en recordarle quién es desde cada cabeza colgada en la pared.

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Acerca del: discurso de la servidumbre voluntaria o el contra uno y el discurso de la libertad. Entre La Boétie y Lacan

Limberg M. Reyes Tomas.
Psiquiatra Psicoanalista.
Valladolid

Sabido es que este tema de la libertad o libre albedrío es una constante a lo largo de la historia de occidente. El término “libre albedrío” proviene del latín (Liberum arbitrium) y suele emplearse para designar la posibilidad que el hombre tiene de elegir entre el bien y el mal, sin embargo, también se ha definido como la capacidad humana de elegir y tomar sus propias decisiones. Se han ocupado de este tema filósofos, teólogos, literatos, artistas, etc. Para nuestro propósito aquí acotamos el tema a algunos autores que están relacionados especialmente con el psicoanálisis

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Incalculable

Horacio Valla
Psicoanalista
Madrid

Todo al hombre, Pericles, se lo dan el Azar y el Destino
Arquíloco de Paros

Cobardía contra uno mismo. El frío es lo único que a uno podría humillarlo, dijo nuestro amigo manolo domínguez. La obsesión practica la cobardía, practica creer en sí misma y contra sí misma, el yo o persona persevera contra sí misma pero sólo consigue aburrirse y fallar en alguna cosa con el cuerpo, falla que consiste en incordiarlo, al cuerpo. O sea, una economía psíquica lamentable. Lamentable por el uso que hace de la contradicción montándose en ella e imaginando anularla.

(Acerca del carácter, antiguamente la clínica psicoanalítica se preguntaba si el comienzo de un análisis debía abordarse por la estructura del carácter o por el lado de la religión de los síntomas.)

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