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temas clave: psicoanálisis Lacan política pensamiento revista digital


Juan Antonio Gil Segovia,
Titulo "The Stihll"
Cortesía del artista

 


Los cuatro o cinco discursos y la crisis en el lazo social

Jorge Marugán
Psiconalista
Madrid

Sorprende comprobar en algún encuentro reciente entre analistas que no todos piensen que los discursos imperantes nos arrastran al aislamiento, al despojo de recursos simbólicos, a la desigualdad… que aquello que se ha dado en llamar crisis en el vínculo social no es algo puramente coyuntural, circunstancial o pasajero sino que se ha introducido en la esencia, en la estructura de nuestra forma de vida. Más allá de constatarlo en nuestras consultas, en nuestro entorno, en nuestro propio padecer, nos corresponde cuestionar la sucesión de acontecimientos, las permutaciones que se han ido produciendo en la relación discursiva entre los cuatro elementos que, según Lacan, integran cualquier forma de vínculo entre seres hablantes: S1, S2, $ y a; donde S1 es un significante sin sentido capaz de representar a un sujeto ($), a través de su encadenamiento con otro significante portador de un saber (S2), produciéndose en la operación un resto de goce (a) resistente a toda significación que quedará perdido para el sujeto.
En el Seminario XVII, El reverso del psicoanálisis, Lacan plantea sus cuatro discursos como las cuatro formas, “cuatro y no más”, de hacer vínculo o lazo social que han emergiendo en nuestro devenir histórico. Para su escritura establece cuatro lugares fijos separados de dos en dos por una barra, los lugares superiores corresponderían a lo manifiesto y los inferiores a lo latente o escondido de cada discurso. Designemos así los cuatro lugares fijos:

Para precisar mediante flechas las relaciones entre estos cuatro lugares recurramos a la transcripción de la conferencia de Lacan en Milán  en 1972:

Observemos que en este circuito de relaciones sólo uno de los cuatro lugares, el lugar de la Verdad, queda aislado, protegido, no determinado por ninguno de los otros. Tal distribución supone un corte, un freno a la libre circulación en el circuito y ello será, precisamente, lo que posibilitará al dispositivo discursivo hacer vínculo social puesto que su interrupción permitirá abrir un “tiempo de comprender”, un cuestionamiento sobre el movimiento deseante del Agente y la elaboración por parte del otro de una respuesta en forma de Producción. Evidentemente, tal producción no podrá nunca satisfacer al agente puesto que su verdad, auténtica fuente del discurso, permanece oculta e inalcanzable.

La posibilidad del discurso de hacer vínculo pasa, entonces, por la interrupción del circuito, por una disfunción relativa en cada discurso.

Pero, ¿qué tipo de vínculo hacen los discursos? ¿entre quién? 

De entrada, parece que los cuatro discursos presentados por Lacan en el Seminario XVII vinculan a aquellos seres identificados con los lugares superiores de su escritura, es decir, al amo con el esclavo, a la histérica con el amo, al profesor con el estudiante y al analista con el analizante. Sin embargo, Lacan precisa que la relación entre estos términos es “imposible”. Además, una cosa es que entre esos seres se produzca un intercambio y otra que es se establezca un lazo social. ¿Es capaz el amo de hacer lazo social? Un amo que hace lazo con los esclavos, ¿qué clase de amo sería? Es evidente que al amo le interesa la producción del esclavo y no el vínculo. Y lo mismo podríamos decir de los otros discursos, ¿la histérica busca un vínculo con el amo o sólo precisa hacer uso de él para encontrar una respuesta, un saber a su insatisfacción? ¿el profesor quiere hacer vínculo con los alumnos ignorantes o realmente quiere reafirmar y perpetuar su saber a través de ellos? Y no digamos el analista identificado al a, objeto que por naturaleza resiste a cualquier simbolización. Lacan aquí se acuerda de Freud cuando éste, al explicar el quehacer del analista, lo señala como una de las tres profesiones imposibles junto con la de educar y gobernar. Ahora, con la de hacer sostener el deseo, serían cuatro.

Propongo que si, como dice Lacan, el punto de inserción de los discursos es el goce, el lazo social al que conducen debe establecerse entre seres hablantes que comparten la misma modalidad de goce. Así, el discurso del amo posibilitaría establecer un lazo social, hacer un conjunto, entre los esclavos; el discurso de la histérica entre los amos a los que pone a trabajar convirtiéndolos en hombres; el discurso de la universidad entre los estudiantes y…  ¿el discurso del analista? Creo que tropezamos aquí con una de sus particularidades, de sus dificultades para instalarse como discurso: los analizantes no hacen conjunto, no pueden compartir su goce puesto que el efecto de este discurso es, precisamente, una caída de goce, una pérdida. Así, el discurso del analista parece condenado a no poder denunciar nada salvo en un medio-decir, a generar una confusión que lleva a salir de él función de la sed de sentido; se trata de un discurso sostenido en un saber sólo supuesto y cuya producción, un S1 particular, un sinthome, no es algo alrededor de lo cual agruparse.

Y, avanzando más en nuestra propuesta, ¿qué modalidad de goce sería propia de cada discurso? Lacan, en el Seminario XXII, localizó tres modalidades de goce soportables por la estructura borromea del ser hablante: goce del sentido, goce fálico y goce del cuerpo. Podríamos relacionar cada una de ellas con el tipo de goce compartido en cada discurso. Así, el goce del conjunto de esclavos sería goce del sentido; sentido producido por el saber del esclavo y su resultado: los objetos que calman (momentáneamente) el deseo mortífero del amo. El goce fálico correspondería al conjunto de hombres interpelados por la falta de la histérica; como un Freud que, ante la terrible visión de la garganta de Irma, convoca angustiado a los colegas médicos para producir juntos una respuesta: una inyección fálica, la imposición de un saber sexual masculino. Y en tercer lugar, el goce que enlaza a los a-estudiantes sería el goce del cuerpo, una especie de goce místico ante el todopoderoso saber que habla por la boca del profesor; goce que los lleva a producir una falta que los barra como sujetos.

Entonces, ¿qué acontecimientos han marcado la evolución histórica de los discursos para dar lugar a la profunda crisis en el vínculo a la que hoy nos vemos abocados?

Partamos de la escritura del discurso del amo señalando las relaciones antes indicadas donde el significante amo o significante sin sentido (S1) ocupa el lugar del agente deseante que interpela y pone a trabajar al significante del saber (S2) que producirá para él un objeto plus de goce (a) como respuesta a ese deseo, siendo la verdad del amo su propio barramiento como sujeto ($).        

Y de la transformación del discurso del amo en el discurso universitario que, en un primer momento, lo sustituirá como discurso imperante y en la que los cuatro elementos rotan un cuarto de vuelta en sentido inverso a las agujas del reloj:

El lugar del agente deseante es ocupado ahora por un saber cuya verdad oculta es el amo y que interpela a un objeto (a-estudiante) que repite ese saber para producir un sujeto barrado. ¿Qué produce, de entrada, esta transformación? ¿Por qué el amo  empieza a interesarse por el saber del esclavo antiguo, lo sustrae y lo sitúa en lugares más o menos restringidos como las universidades? La respuesta puede ser el aprieto en que le pone la histérica, ella no trabaja para el amo, interpone su síntoma y se lo arroja a la cara como pregunta. El amo, entonces, busca el saber para satisfacerla.

Pero, ciertos cambios, ciertos “avances” como la televisión comienzan a alterar, a radicalizar el discurso universitario. El saber sostenido por el amo, ahora oculto, empieza a acumularse y, sobre todo, sale de su localización universitaria, comienza a ser dictado a dimensión planetaria y a generar beneficios económicos. Este todo-saber globalizado determina los criterios de una supuesta “normalidad” excluyente que todos tenemos que repetir, sin lugar para la excepción, sin lugar para la invención; con sus instrumentos “objetivos” de evaluación, los tests, que incluyen las preguntas y las respuestas más adecuadas para perpetuar el saber del amo. El antiguo saber del esclavo, el saber del artesano transmitido por las generaciones se vuelve ahora inútil, el amo lo expropia poniéndolo al alcance de todos para multiplicar sus beneficios. Un buen ejemplo sería la venta de muebles tipo Ikea: venden las tablas, los tornillos y el saber para todos del manual de montaje, ¡ahora todos podemos ser carpinteros!

Por otra parte, a pesar de haber limitado a cuatro el número de discursos posibles, Lacan cita un acontecimiento histórico que instaura al sujeto capitalista como amo, fundando así un quinto discurso. Se trata de Marx, quien tiene la idea “psicótica” de contabilizar la producción del esclavo, el plus de goce, transformarlo en valor y llamarlo plusvalía. Esto, -dice Lacan- es un paso ganador para el capitalismo. Si el plus, el goce perdido, el goce al que el sujeto renuncia para constituirse, puede ser contado, en ese caso podría ser recuperado, podría ser suma y no resto, con lo que: ¡esclavos, uníos, pero no para gozar pensando, hablando, follando o sublimando, uníos para luchar por vuestra porción de plus, por vuestra porción de amos! ¡no hay goce sino en posición de amo! Pero el plus de goce sólo le deja al nuevo amo capitalista una insatisfacción cada vez mayor y su fantasma mortífero.

Podríamos decir que Marx disfraza el plus de goce fálico, pero si éste es un goce parcial, localizado, social y, sobre todo, excluible; el plus de goce condena a la apropiación infinita de objetos o de valores de los que, en realidad, no se puede gozar.

Veamos, partiendo del discurso del amo, como escribe Lacan el discurso capitalista en 1.972:

Como puede apreciarse el paso 1º del discurso capitalista refleja el cambio de relaciones introducido por el marxismo, la plusvalía (a) pretende serle reintegrada al sujeto barrado en su lugar de verdad del amo, lo que es representado por la nueva $¬a, suprimiéndose las flechas diagonales. Pero, como al sujeto nunca se le puede restituir el goce que le corresponde porque está perdido en el origen, sigue necesitando y dependiendo de un amo que lo sostenga y se haga cargo del plus, lo que es representado en el paso 2º como una torsión que invierte los lugares del amo y del sujeto manteniendo sus nuevas relaciones.

El resultado del discurso capitalista salta a la vista: en primer lugar, como en el discurso universitario, el amo se esconde, se vuelve más poderosos, menos localizable, más inatacable aún; en segundo lugar, y sobre todo, el lugar de la verdad pierde su aislamiento, deja de interrumpir el discurso. El discurso capitalista va sobre ruedas, dirá Lacan, funciona demasiado bien, se pierde la pausa, la interrogación, el tiempo de comprender; puede ser calificado como perversión del discurso.

En esta aceleración del discurso, ¿cómo puede sostenerse el lazo social? Es evidente que no todos los intercambios hacen vínculo. Si pensamos que el lazo social nace de una respuesta que puede ser compartida ante el enigma del agente deseante instituido en una verdad inalcanzable, es difícil concebir el vínculo como efecto del discurso capitalista, su verdad no se interroga, la velocidad no lo permite así que… ¡todos a por el plus!       

Bibliografía

Alemán, J. y Larriera, S. (2.001) El inconsciente: existencia y diferencia sexual. Madrid, Síntesis.

Braunstein, N. (2.008)  “El discurso de los mercados - ¿un sexto discurso?” www.psicoanalisisenelsur.org Nº 5.

Darmon, M. (2.008). Ensayos acerca de la topología lacaniana. Buenos Aires, Letra Viva.

Lacan, J. (2.006) El seminario 17. El reverso del psicoanálisis. Buenos Aires, Paidós.
           -- El seminario 22. RSI. (inédito).

Lacan. J. Conferencia Universidad de Milán, 12 de mayo de 1.972. Versión electrónica en francés: www.pas-tout-Lacan 

Marugán, J. (2.008) “Paradojas del goce. Trauma y nacimiento del sujeto.” www.psicoanalisisenelsur.org. Nº 4

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