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temas clave: psicoanálisis Lacan política pensamiento revista digital


Mejor mujer en mano que 100 volando,
Técnica: Acrílico sobre tela, 125 x 95 cm.
Alejandro Contreras (cortesía del Centro de Arte Moderno)

 


Entre hombres y mujeres

Horacio Valla
Psicoanalista
Madrid

Algunos ciudadanos son más expeditivos que otros, acuchillan a la mujer amada hasta matarla y después intentan suicidarse de manera real o simulada, no en todos los casos lo consiguen. Esto es lo que se dice como ‘violencia de género’ (un eufemismo como decir que un sordo es un hipoacúsico) pero, la gente dice ‘machismo’. El negocio (‘praxis’) sale a una pobre desgraciada por semana. Este comportamiento en los países civilizados del norte, de los que la imaginación esperaría un entendimiento más decente con el objeto erótico es igualmente desconsolador. El trabajo de Freud acerca del empuje de ‘la virilidad’ a la degradación del objeto erótico es elocuente1. El amor y el odio son las dos caras de la misma moneda, también en el camino de la lógica de la sexuación, cuando se hace la apuesta sale niño o sale niña, o sale cara o sale cruz, o una o la otra.

Hay asesinatos de mujeres más sofisticados que no desmienten la espectacularidad de Jack el destripador o el talento de Poe. Así, hoy por la mañana ha aparecido en el centro de Barcelona, frente a unos apartamentos y en el interior de una gran maleta, que descubrió un vecino curioso, el cadáver de una mujer de mediana edad, atada de pies y manos en posición fetal. Se busca al compañero sentimental. Si esta consecuencia del encuentro del hombre y la mujer no es una fundamental, y que derivan de ella violencias muchas de la realidad cotidiana, pequeños asesinatos, que venga Dios y lo diga. No descuidamos el papel que pueden tener en esta vergüenza siniestra los ‘fenómenos de transitivismo’, pero, queremos acentuar una responsabilidad cultural en tanto es también competencia de las costumbres, como lo demuestra el hecho de que a ningún salvaje se le ocurriría semejante espanto ni las leyes o la religión de su tribu lo permitirían, además, en estos casos, así fuese la sanción por el delito cometido por algún salvaje la pena de muerte, el sistema de intercambios preferiría la verdad al castigo, condonando la pena de muerte2. Decir violencia de género es tan poco consistente, que es como decir el género humano, así, la legislación al efecto es un paliativo que padece de la misma falta de entendimiento y razón que el objeto del que pretende decir algo o legislar, una estulticia que tiene su verificación en una repetición demoníaca que la religión del amor tampoco ha conseguido extirpar, a pesar de sus buenas intenciones y, tal vez el fracaso se deba a la certeza de sus creencias, certeza del significado que como ideales del Yo es de efectos mortíferos. Recomendaciones morales, leyes y castigos son entonces ineficaces, inofensivas, para lo que se debería enmendar y, si la intención de las instituciones no es sólo mala intención e hipocresía y la continuidad del negocio criminal fuera la verdadera intención de lo que estas instituciones sacan un provecho rentable y jodido; atribuirles estas malas intenciones no sólo sería hacerles la corte sino olvidar que: ‘tienen oídos para no oír’. Reprochamos a la religión de condenarnos con el pecado, lo que trae ‘malestar en la cultura’, sin embargo, la religión no inventa el pecado, ya que  éste, el pecado es patrimonio de los feligreses; la religión sólo administra el pecado de los individuos. De la misma manera como el gobierno administra el amor de los amantes. ¿Qué gobierno? Naturalmente el gobierno propio, como Dios o como el Rey administran su gobierno con la semántica de la certeza que también es fecunda en la psicosis, la religión y otras instituciones; el gobierno propio del individuo de la certeza es semántica.

No bastan leyes para querer corregir la ofensa bíblica que se hace a la mujer por su equivalencia con el arado y los bienes del prójimo3. Han borrado a la mujer de un plumazo en las Sagradas Escrituras, moneda de cambio en esta odiosa comparación. Así también fueron borradas del mapa teológico las diosas de la antigüedad y abandonadas al mundo romántico, de lo que María queda como un recuerdo, pero, aderezado el mito con un buen matrimonio con el Señor, aunque tal vez Hera tuvo mejor suerte que María pues parece que estaba mucho más vivita. No solamente se la borra del mapa sino que se le ha encontrado un lugar donde tiene gran reconocimiento, en los museos de la prehistoria, toda de piedra, redonda y gorda y fecunda que no deja de intrigar a los estudiosos4.

Patroclo trató de convencer a Briseide, (causa ésta última, Briseide, del disgusto y malentendido entre Aquiles y Agamenón y, de que Aquiles abandonara la guerra y la causa de los griegos) de que a pesar de que Aquiles hubiera matado a su marido y a sus hijos, y a toda su familia, seguramente llevaría una vida feliz junto al semidiós malogrado en Troya.

No dudamos de la buena fe de Patroclo ya que le recomendaba lo de siempre, le recomendaba el mal menor, al lado del dios de turno.

Hay diferencias entre el hombre y la mujer, ciencias y creencias lo cuentan a su manera desde el eslabón perdido. Hay diferencia entre el hombre y la mujer, lo que un amigo, con gracia y queriendo hacer cierta lógica expresó de esta manera: “El hombre y la mujer son como el caballo y el elefante, si bien ambos son herbívoros éste último tiene trompa”5.

Delante de la diferencia, el mono parlante no sólo la borra, lo que es la gracia del significante, sino que también la mata, los universales y la fuerza de sus privilegios le encantan tanto que también es capaz de dar la vida por ello. Hay muchas clases de parlantes no sólo el mono, y que tienen otra retórica para el tema. Convinimos en decir que a ningún salvaje se le ocurrirían semejantes crímenes, sin embargo hay contradicción ya que también recordamos el epígrafe de un trabajo de Léví-Strauss que cuenta del estado de ánimo de un aborigen de la llanura australiana que piensa, al ver moverse y brillar en el horizonte un punto que puede ser otro como él, piensa: ‘O es un pariente o es un enemigo, si es un enemigo debo matarlo antes de que el me mate a mi.’

Regresemos a las mujeres. Siempre se ha tenido al rey Salomón por sabio, a pesar de que los hechos de su famosa anécdota confirman lo contrario de su pretendida inteligencia. Tenía un serrallo con cuatrocientas mujeres por lo que no debía desconocer el trato con ellas; a pesar del esfuerzo de cuantificación seguramente no dejaba de saber, como los griegos de Tebas, o como lo recordara Freud, no dejaba de saber que alcanza con una mujer solamente. Dice Salomón que la ley es la ley y que hay que cortar al niño en dos y mitad para cada una. No es así, sabio Salomón, responde ella, no has entendido nada, y esto te lo digo como mujer y como madre, lo primero es el niño y que se lo lleve la otra loca. Antígona, otra6. Calpurnia, la mujer del César, a la que se le reclama que no sólo debe serlo sino también parecerlo,  con lo que suele haber un malentendido con relación a su fidelidad, porque las señoras romanas tenían sus amantes y a nadie le podía merecer un comentario. Su particular convicción acerca de la ley fue lo que la puso en aprietos, ya que hizo entrar subrepticiamente a su amante disfrazado de esclavo en una ceremonia ritual solamente para mujeres. Los esclavos para el caso de la ceremonia son como la naturaleza, como los perros o los gatos, o los pájaros; se ocupan del ajetreo y no computan para el caso.

Importa reiterar la condición de diferencia en el ejercicio de esta repetición interminable y sangrienta; reconocer el amo imperativo que cada uno lleva adentro con la intolerancia de los ideales de la verdad verdadera, en los que uno, individuo indivisible, ‘el uno’ tiene una fe ciega.

Lou Andreas-Salomé habla a las claras cuando escribe que las mujeres tienen una ley propia como las leyes de los ladrones7. En nuestros tiempos, sobre la diferencia, ha prosperado falseando esta vertiente una suerte de discurso más bien perverso, positivo y dogmático.

Recuerda Lacan en este sentido, en el Seminario XIV, La lógica del fantasma, que: “Cada uno sabe que esto no va solo, y si leen a Tito Livio, verán que en una época no tardía de la República, las damas romanas, las que estaban verdaderamente marcadas de connubium han envenenado a sus maridos durante toda una generación, con una soltura y perseverancia que no ha sido sin dejar alguna huella en la memoria que Tito Livio inscribe, no sin razón.”8.

El psicoanálisis no tiene la obligación de explicarlo todo, lo que no sucede así con las ciencias. Ante esta diferencia fundamental, como que A ≠ B, ocurre el asesinato del otro, (si no como causa como testimonio), que es lo que manda el amo de cada uno. Sin el amo la sociedad se estremece como pasa también hoy con el dinero que es quien manda, lo que sucede en orden parecido con nuestra moneda del amor y el odio, que solamente en un cuento de Borges podría caer de canto.

Queremos terminar nuestras reflexiones sobre este eterno mal al cobijo del maestro Epicuro, (a quien recordamos también con la oportunidad que nos ofreció un libelo a favor de Heraclito, con motivo de su recomendación a los efesios mayores de edad de “ahorcarse  todos”9), cuando dice: “cuidar del alma para que sea lo mejor y más sensata posible”10.

Notas

1 Freud, S., Ensayos sobre la vida sexual y la teoría de las neurosis. Sobre una degradación general de la vida erótica. “No podemos eludir la impresión de que la conducta erótica del hombre civilizado presenta generalmente, hoy en día, el sello de la impotencia psíquica. (…) A mi juicio, y por extraño que parezca, habremos de sospechar que en la naturaleza misma del instinto sexual existe algo desfavorable a la emergencia de una plena satisfacción. (…)  el objeto definitivo del instinto sexual no es nunca el primitivo, sino tan solo un subrogado suyo. (…) Deberemos , pues,  familiarizarnos con la idea de que no es posible armonizar las exigencias del instinto sexual con las de la cultura, ni tampoco excluir de estas últimas el renunciamiento y el dolor.” Biblioteca Nueva, Trad. López-Ballesteros.

2 2 Léví-Strauss, C., Antropología Estructural, El hechicero y su magia, La eficacia simbólica.

3 “No apetecerás la casa de tu prójimo; no codiciarás su mujer, ni su siervo ni su sierva, ni su toro, ni su asno ni nada de lo que pertenece a tu prójimo" sentencia el versículo 17, del Capítulo 20, del Libro Segundo, del Pentateuco, llamado Éxodo.

4 Graves, R, La Diosa Blanca.

5 Valla, H., De Amor y de Psicoanálisis, pag. 74, Ed. Letras Abiertas, 1991. “Tuve la oportunidad de oír expresarse sobre este tema en una tertulia a un psicoanalista rioplatense de humor ingenioso, que practicaba el sarcasmo y la desvergüenza como forma crítica -porque el psicoanálisis tiene sus prejuicios. Fundamentaba sus razones con referencias eruditas al Pantagruel de Rabelais, más precisamente al capítulo diez que se titula: Pantagruel, en una controversia obscura y difícil, resuelve equitativamente y prueba con ello que su juicio es admirable. Concluida su exposición, decidía el problema de la sexuación humana en un aforismo, donde destacaba con resolución que: El hombre y la mujer se diferencian como el caballo del elefante, si bien ambos son herbívoros, este último tiene trompa.

6 Lindenbaum, L. - Aragón, B.;  Ella y El un encuentro imposible, Antígona: La ley de los dioses, pág. 91. Ed. del Taller 1994.

7 Id. 5, pag.41. “Lou Andreas-Salomé -en su escrito “El ser humano como mujer”- alude al tema de la relación de la mujer con la ley, en estos términos: ‘Si una quisiera osar una comparación estólida, podría decirse que desde este aspecto la mujer podría compararse con una banda de ladrones organizada que lleva una vida totalmente al margen de la ley sin sentir vinculación alguna con los demás hombres, pero que a la vez sigue unas normas de ladrones igualmente estrictas y severas que emanan de su forma propia de ser… La mujer siente un respeto recóndito por los valores  tradicionales, más que el hombre, por mucho que los discuta…no obstante toda la verdad, pureza y belleza del mundo, la siente primero con su propio sentimiento mientras que el hombre entiende las cosas históricamente y las valora más objetivamente como cosas”.

8 “Cada uno sabe que esto no va solo, y si leen a Tito Livio, verán que en una época no tardía de la República, las damas romanas, las que estaban verdaderamente marcadas de connubium han envenenado a sus maridos durante toda una generación, con una soltura y perseverancia que no ha sido sin dejar alguna huella en la memoria que tito Livio inscribe, no sin razón. Hace falta creer que la institución del matrimonio, para que funcione al nivel de los verdaderos amos, debe acarrear algunos inconvenientes que no están únicamente ligados al goce, ya que es más bien del carácter acentuado del agujero puesto a ese nivel, a saber, del hecho de que el goce no tiene nada que hacer con la elección conyugal, que resultaban esos menudos incidentes”. Referencias en la obra de Lacan, Revista de la Fundación del campo freudiano en la Argentina, Matronas procesadas por envenenamiento. Tito Livio, Voltaire, Eugène Petit. Número 28.

9 “Lo propio para los efesios de la mayoría de edad en adelante ahorcarse todos y dejarles el gobierno de la ciudad a los menores, ellos que a Hermodoro, hombre de entre ellos el de más valía, lo echaron a destierro, proclamando ‘de nosotros no haya uno que sea el de más valía; y si lo es, a otra parte y con otros.’ ” . Fragmento 87 / 121 D-K (pág. 264). García Calvo, A. Razón común, Edición crítica, ordenación, traducción y comentarios de los restos del libro de Heraclito. Lecturas Presocráticas II, Ed. Lucina, 1985.

10 “Todo el debate gira, pues, en torno al sentido que demos a ese ‘ejercicio de la sabiduría’. Para las escuelas rivales, en particular las de Platón y Aristóteles, la filosofía implicaba un largo curso de estudios, desde la retórica hasta la ciencia de los números, las figuras y los cuerpos celestes. Pero, según hemos visto, Epicuro no cesa de proclamar la vanidad de esos estudios: de nada sirven para el bien vivir. [no debe aparentarse filosofar, sino realmente filosofar; pues no necesitamos parecer estar sanos, sino estar sanos de verdad]. Resulta de estos textos la ecuación ‘filosofía = cuidar la salud del alma’. Después de una larga vuelta, tornamos así a la pura doctrina socrática: [cuidar del alma para que sea lo mejor y más sensata posible].”  A.- J. Festugiere, Epicuro y sus Dioses, Ed. Eudeba, 1960, pags. 28 y 57.

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