temas clave: psicoanálisis Lacan política pensamiento revista digital |
En los últimos años ha comenzado a circular entre los profesionales que forman el equipo de infanto juvenil mañana en el Centro de Salud Mental nº 3 “A. Ameghino”, dependiente del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, que los casos que acuden a las admisiones son de una gravedad cada vez mayor. Es decir que los niños y adolescentes de hasta 21 años que acuden al Centro parecieran no contar con espacios que habiliten la producción de subjetividad y alojen su padecimiento. Niños que presentan un goce desamarrado de lo simbólico, con graves fallas en el armado de un cuerpo. Frente a esta clínica el abordaje por los dispositivos tradicionales, es decir, tratamientos psicoterapéuticos individuales en consultorios externos no parece adecuarse al malestar que se presenta en estos pacientes. Si bien contamos con la posibilidad de que los pacientes realicen tratamiento fonoaudiológico, psiquiatrico ambulatorio y/o psicopedagógico en el Centro, no se cuenta con internación, todos los tratamientos son ambulatorios. Por lo tanto, es necesario dar lugar a la invención que puede producirse entre analistas y niños, apuntando al trabajo con diversas transferencias. Pensamos la infancia como un tiempo para que se produzcan ciertas operaciones subjetivantes. Oportunidad para que la delimitación entre lo que aparentemente es externo y lo interno, el adentro y el afuera inherentes al sujeto tenga lugar. Primer momento en la constitución de un mundo subjetivo. “La subjetividad está en el nivel de las consecuencias, nunca en el de las causas”1 Nos propusimos inaugurar un espacio para dar lugar a que la creación se produzca. Creación “como movimiento que instala lugares y exige la introducción de una forma”2. Es la forma la que va a revestir el agujero de la falta, el agujero irreductible, resto de la operación de separación primera. En el taller, separación del Otro y producción del objeto se conjugan cada vez que la puerta del taller se cierra entre niños y padres. Construyendo objetos trabajamos con la singularidad y el lazo social a partir del recurso artístico. Hacemos uso de esta herramienta a sabiendas de que al interior de su artificio lo sintomático del paciente puede advenir. En este punto quisiéramos señalar el estatuto que adquiere el síntoma en la infancia. En los niños, el síntoma como presentificación de una verdad parental, o entra en un campo de representaciones en el juego o toma al cuerpo como respuesta al requerimiento del Otro. La apuesta que guía nuestro trabajo es la convicción de que la construcción de objetos en un taller puede aportar y favorecer a los procesos de subjetivación en la infancia. Espacio favorecedor para que estos niños ubicados como objetos en la fantasmática parental, puedan tomar cierta distancia de este lugar. En este punto el artificio artístico cuenta con elementos significantes que permiten ubicar en un objeto cierta cesión de goce. En cada vuelta de la producción de los niños del taller la repetición va incluyendo diferencias, poniendo a trabajar lo inercial del síntoma. En palabras de Colette Soler se apunta a ir “de lo real del exceso a lo simbólico o real del arte”3 Tomamos como producción no solo a los objetos creados por los niños que participan del taller (títeres, juguetes, pelotas, dibujos) sino también a las charlas, comentarios, gestos y recursos creativos que cada uno inventa. Pensamos que apuntar a un quehacer con otros, dando lugar a la diversidad transferencial jugada entre múltiples compañeros, tareas y coordinadores puede ser un recurso posible para abordar la gravedad de la clínica actual, lanzando la producción subjetiva Lucio de 5 años se presentó al taller de pocas palabras y aspecto frágil, durante mucho tiempo parece no poder decidirse sobre que va a hacer, no se le ocurre. De a poco aparecen trazos en el papel, palitos que van formando un cuerpo insipiente. Se torna valioso para el grupo como aquel que encuentra materiales “buenísimos” y dona sus hallazgos a sus compañeros, habilitándoles su producción. No fue sin esta donación amorosa que luego de algunas vueltas Lucio tomó alguna idea de sus pares para empezar a armar cuerpos con volumen, articulaciones cada vez mas resistentes y expresiones de animo en las facciones de sus objetos, “triste”,“contento”. Paralelamente, su rendimiento escolar mejora, sus palabras se vuelven mas claras y sus diálogos divertidos para el grupo, dando lugar a “el bromista”. La producción ha hecho cuerpo en ese recorrido aportando un efecto que hace carne en ese cuerpo. Posición del Tallerista: Una pregunta atraviesa nuestro trabajo desde los inicios del taller: ¿Cómo pensar la particularidad de la presencia de analistas como coordinadores de los talleres? Fueron los momentos de cansancio y de frustración los que más nos permitieron pensar sobre ello. ¿Seria eso que afectaba nuestros cuerpos al finalizar cada encuentro con los niños, un efecto a pensar? Nuestra presencia daría el soporte y el sostén a la producción de los participantes. No como depositarios del saber al que a veces nos convocaban como “Seños” sino como aquellos que trabajamos “poniendo a trabajar”4. De este modo intentamos favorecer cierto deslizamiento al apuntar a ese “uno más” en la cadena de objetos que cada niño elabora. Estos juguetes, dibujos inauguran una distancia mayor de aquel que aparece al inicio de la serie: el niño padeciente. Se podría pensar que en la función de los talleristas se pone a jugar más que deseo de analista lo que podríamos formular como “deseo de objeto”5, sin dejar por esto de escuchar qué de la enunciación de cada sujeto se hace presente en la producción que se da a ver. Nos parece esencial para este discurrir, que el sujeto logre localizar en un producto aquél rasgo ignorado que lo hace padecer. A su entrada al taller, el desenfreno se presentó en Matías, un niño de 7 años. Cada construcción iniciada parecía enfrentarlo inmediatamente con su finalización, precipitando un vacío o abismo ante el cual comenzaba a tirar todos los materiales por el aire o a desparramar tempera en sus juguetes y en aquellos que construían sus compañeros. Una vez hecha una lectura de ese rasgo singular que tomaba a M., donde parecía no haber un tiempo posible, el lugar de las talleristas fue el de introducir la dimensión de lo temporal. Un tiempo que amortiguara esta precipitación en la que no podía dejar de sumirse cada vez que comenzaba sus construcciones. Ubicando la finalización de un juguete en un trayecto. Correr el horizonte introduciendo una distancia entre el inicio y la conclusión, yendo de la inmediatez al recorrido. Una de las maneras fue decir “pausa” acompañando este dicho con el gesto de quien aprieta un botón en los momentos en que M. no podía parar. Otra fue la de nombrar cosas faltantes a los objetos que en distintos momentos fue construyendo, para que la falta pudiera comenzar a jugarse, acompañando la producción de M. con un “ quizás construir este robot te lleve varios encuentros, no es necesario que se termine hoy”. M. comenzó a tomarse un tiempo para crear. En algunos encuentros retomaba el trabajo con alguno de los objetos construidos anteriormente y él mismo decía hasta qué punto llegaría su trabajo ese día para continuarlo en otro momento. El nuevo tratamiento que hizo del trabajo con la tempera nos puso en la pista de una novedosa relación de este sujeto al tiempo. En el inicio, una vez cubierta alguna superficie con tempera le colocaba cinta para seguir pintando encima de ella y saltearse el tiempo que lleva esperar a que la tempera se seque para colocar otra capa de pintura. En un segundo momento, se ocuparía de buscar un lugar en el armario para aquellos objetos que tenían que secarse para la vez siguiente. De este modo alojamos lo problemático de este síntoma con el cual M. había venido enlazándose al Otro. Apuntando en nuestra función a intervenciones que permitieran un tratamiento sobre esta consistencia. Podríamos pensar que el tallerista es testigo de una perdida6 a la vez que favorece en acto ese corte que habilita la cesión del objeto para su circulación al interior del dispositivo. A la vez, el tallerista se erige como soporte de las reglas institucionales que dan el marco de estabilidad al dispositivo. Se apela a cierto orden simbólico y también a la construcción de normas propias a cada grupo. Nos interrogaba también, qué le sucedía a cada uno de estos niños en presencia del grupo de pares. Pues más allá de cómo se jugara esto en cada caso, era sorprendente como niños que en los pasillos del hospital se mostraban ensimismados, silenciados y silenciosos cambiaban ante el encuentro con los compañeros del taller. A nuestro entender, el grupo adviene valioso cómo principal testigo de una pérdida la cual inaugura la producción de sujeto, al mismo tiempo que ellos se vuelven causa de la producción. Por ejemplo: en la construcción de un tren entre dos niños ó de una pelota para jugar al fútbol entre todos. Matías, un niño a quien le cuesta acotar lo excesivo de su producción y detener su cuerpo, se propone como socio de otros compañeros más inhibidos, estimulándolos a armar un objeto en conjunto. También como “ayudante” en el taller encargado de cortar la cinta parando la continuidad envolvente de esta. Conclusión: El arte puede ayudarnos a abordar la gravedad con la que se presenta la clínica actual, ya que no se “contenta con adornar, ilustrar, sino que realmente organiza”7. Teniendo todo el carácter de acto y no el de una mera expresión. Entendemos lo artístico no desde el ideal de lo bello, en detrimento de lo feo sino como recurso para construir subjetividad, espacio favorecedor para que algo de lo sintomático del paciente advenga en su producción. Brinda a estos niños la posibilidad de jugar con su goce a otro juego que no sea el de quedar fijados en la posición de objetos que marca la apetencia familiar. Dentro del dispositivo de taller somos convocados como analistas a prestar nuestra presencia, haciendo uso del semblante de talleristas apelamos a sostener y relanzar la producción subjetiva. Es desde este material donde pensaremos una lectura de aquel rasgo sintomático hacia el cual dirigiremos nuestras intervenciones. Para finalizar quisiéramos recordar la inversión que hace Lacan en relación a la perspectiva freudiana: no existe el psicoanálisis aplicado a las obras de arte. Lacan no aplicará el psicoanálisis ni al arte ni al artista sino que aplicará el arte al psicoanálisis. El modo singular en que cada sujeto produce objetos construyendo su subjetividad nos ha permitido percibir lo enigmático de la clínica. Interrogarnos e interrogarla. * Lacan, Jacques: Universidad de Yale, 24 de noviembre de 1975 1 D. Rabinovich: “ El deseo del psicoanalista” 2 Liliana Di Vita: “Interrogar el autismo. Hacer espacio del lenguaje” 3 Soler, Colette: “El inconciente a cielo abierto en la psicosis” JVE Ediciones. 4 Lic. Silvia Kleiban: “Espacios colectivos en hospital de día. Presentación general” 5 Lic. Silvia Kleiban: “Los talleres en el hospital de día. Creación, transferencia y lazo social” 6 Jacques Lacan, Seminario 11, clase X “Presencia del analista”, pag. 133 “En este punto la presencia del psicoanalista es irreductible, por ser testigo de esa perdida” 7 F. Regnault: “El arte según Lacan” |