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El acontecimiento y lo Real

Limberg Reyes
Psicoanalista, Valladolid

Exordio

Este trabajo sobre la “Pasión de lo Real y sobre el acontecimiento” forma parte del apartado 18 de trabajo “El Malestar en la Globalización y hace de puente entre el tema anterior de la revista acerca del “Dos de mayo” y el presente sobre “La crisis”. Hemos revisado someramente dos diccionarios: Larousse y el Esencial Santillana de Lengua Española para buscar la definición de crisis.

Así tenemos: Crisis del griego: Krisis, de Krinein juzgar) cambio favorable o desfavorable sobrevenido en una enfermedad. Se observan crisis en todas las enfermedades agudas (Larousse. Esencial Santillana de Lengua Española).
Crisis = Lat. Crisis y del griego krisis. Manifestación aguda en el curso de una enfermedad. Momento de cambios decisivos en cualquier proceso o situación, etc. Que origina inestabilidad o incertidumbre sobre el desarrollo posterior. Sin. Mutación, vicisitud, trance, aprieto.

Subrayamos “Los momentos de cambios decisivos en cualquier proceso o situación que origine inestabilidad o incertidumbre sobre el desarrollo posterior, porque encaja bien con lo que abordamos en el presente trabajo.

Estamos viviendo “una crisis” que ha fracturado la certidumbre del todo saber universitario propugnada por la “Escuela de Chicago” y sus acólitos. Esta escuela de economía, como hemos dicho en otra parte, tuvo por fundadores e impulsores a V. Hayek, M. Friedman y con el aval del pensamiento filosófico de Leo Strauss. Esta doctrina económica reemplazo al keynesianismo por la política de la “mano invisible” de A. Smith, el libre mercado (sin control estatal) adoptado por los neocons americanos.
Ahora estamos asistiendo a un nuevo orden económico, este algo nuevo tiene relación con el acontecimiento-verdad

La caída del todo saber, la intervención estatal (para salvar a los grandes bancos con el dinero público) bajo la forma de “socialismo de los ricos”. La necesidad de regular la mano invisible nos hace pensar en un cambio decisivo de la política neoliberal.

La pasión de lo real: identitaria y diferenciadora.
El acontecimiento como la intrusión de lo Real traumático que conmueve lo simbólico.

Según Alain Badiou, es el rasgo clave del siglo XX.
A. Badiou confiesa que en los inicios de su pensamiento tiene tres grandes amores: la filosofía de Sartre, la matemática y Platón. Todo intento de conciliar la idea de un sujeto libre con la idea de racionalidad matemática no es una vía fácil. Así mismo nos encontramos con la misma aporía que se presenta al tratar de conciliar el existencialismo sartreano con la teoría platónica de las ideas. “El Ser y el acontecimiento” es un libro que intenta proponer una solución.
Para A. Badiou, la matemática es el pensamiento del ser en tanto ser. Su rigor viene del hecho de que es una ontología.

La constitución del sujeto no depende directamente del ser depende de una novedad que denomina acontecimiento. Tenemos la matemática del lado del pensamiento del ser
y la construcción subjetiva del lado del acontecimiento. Dice Badiou “Es así que voy a fabricar una especie de monstruo, un existencialismo platónico. (Revista Acontecimiento” número especial 19-29. A. Badiou ciclo de conferencia en Buenos Aires Abril. Mayo 2000) En estas conferencias en Buenos Aires, el filósofo francés nos dice, que sus maestros además fueron Althusser y Lacan. Para Althusser la historia es un proceso sin sujeto. Badiou traza la oposición entre el saber (relacionado con el orden positivo del ser) y la verdad (relacionada con el acontecimiento que surge del vacío que hay en medio del ser). Con estas concepciones parece invertir la distinción althusseriana entre ciencia e ideología. El saber para Badiou es más positivista y cerca de la ciencia y su concepción del acontecimiento-verdad guarda semejanza con la interpelación ideológica de Althusser. Además Althusser durante un tiempo sostuvo la idea de cuatro modalidades de subjetividad: el sujeto ideológico, el sujeto de la ciencia, por un lado y de otro tenemos. el amor, el arte, la ciencia, y la política, que corresponde a lo que Badiou llama los procedimientos genéricos: la política, el arte, la ciencia y el amor. Badiou se preocupa por renovar de forma científica la idea de sujeto y medita sobre como reintroducir la idea de verdad sin volver al dogma metafísico y además  trata de pensar como conservar la idea de una política Real y de un sujeto político Real. El ser y el acontecimiento es un intento de dar respuestas a estas cuestiones.  Para la presente tarea además de recurrir a los escritos principales del propio Badiou nos hemos apoyado en la versión de S. Zizek. Tenemos también la lectura efectuada por E. Laclau de Badiou,  pero esta versión lo dejamos para otro trabajo.

En un primer punto o aspecto, señala Badiou que en su libro “El ser y el acontecimiento” hay una teoría completa de la estructura de las situaciones. Esta teoría del cierre de las estructuras lo denomina “Estado de la situación”. Teoría de la estructura y teoría de la metaestructura que asegura el cierre de la situación. Toda situación concreta puede ser analizada a partir de sus características formales.
Segundo aspecto. En el “Ser y el acontecimiento” hay una teoría del sujeto que no se deduce de la teoría de las estructuras. La idea de Badiou es que el sujeto es algo que surge en una estructura pero no es un aspecto de la estructura.

En el hecho mismo del acontecimiento estarían involucradas sus propias determinaciones. El acontecimiento fundamentalmente surge ex nihilo, no es explicable partiendo de la situación, esta ligada al vacío de toda situación y su exceso. La Revolución Francesa hizo visible los excesos del ancien Régime. Un acontecimiento involucra sus propias determinaciones. Así tenemos: el propio acontecimiento en sí, hemos dicho su nominación y la designación Revolucionaria Francesa no era algo objetivo sino una parte del acontecimiento en sí (revolucionaria, así como el modo en que los actores simbolizan su propia actividad, la meta final es conseguir una sociedad plena y emancipada en igualdad, libertad, y fraternidad. Un operador, que consiste en el movimiento político que luchaba por la revolución y el sujeto, que se caracteriza por la fidelidad al acontecimiento. El sujeto es una emergencia contingente y finita y sirve a la verdad que lo trasciende.

El paradigma del acontecimiento-verdad es la religión cristiana. El acontecimiento sería la encarnación y muerte de Jesucristo, su meta sería el juicio final y la redención su operador la situación histórica de la Iglesia. El sujeto son los creyentes que intervienen en nombre del acontecimiento verdad.

Podemos llamar acontecimientos a hechos como: el origen de la religión cristiana, la revolución francesa, la revolución del 2 de Mayo, las luchas por la independencia hispanoamericana, la revolución de Octubre, el amor (enamorarse es subjetivizar y permanecer fiel al acontecimiento), etc. 1

Para comprender el sujeto se debe pensar la estructura, pero además  se debe pensar otra cosa –y más- que la estructura: una especie de suplemento que surge al azar y al cual llama acontecimiento. Dice Badiou “podemos definir a un sujeto como una fidelidad, en la situación, a un acontecimiento” (S. Zizek .O.C. Pág. 141) El sujeto supone la estructura de la situación pero también una ruptura en esta estructura. Da cuenta, esta teoría, del fenómeno de  creación y novedad. Todo sujeto es una novedad.

Tercer aspecto: hay una teoría de la política. La política no es medio o un instrumento. La política es una libertad subjetiva. Es como un pensamiento un acto que trabaja desde el interior de las situaciones como consecuencia de un acontecimiento. La política es un proceso Real que produce una verdad en sí misma. Badiou sabe que para Lacan  la política es un tapa agujeros y que siempre es imaginaria.

Como hemos ya señalado, para Badiou, la única ciencia del ser-como-ser, es la matemática. Subraya la brecha que separa la filosofía de la ontología. La ontología es la ciencia matemática. En el fondo la presentación del múltiple puro, no esta estructurada simbólicamente. Esta multiplicidad no es una multiplicidad de unos, porque aún no se ha iniciado el conteo. A una multiplicidad consistente particular como la sociedad francesa, o al desarrollo del arte moderno lo denomina Badiou: Situación. Así una situación esta estructurada y su estructura nos permite controlar como una. De este modo surge la primera grieta en la ontología. Para contar la situación como una debe ponerse en marcha la reduplicación propia de la simbolización. Para contar una situación como una, su estructura debe ser desde siempre, una metaestructura que la designe como una. Cuando una situación es contada como una tenemos lo que Badiou llama Estado de la situación. “Badiou juega con términos tales como: “estado”, “estado de cosas y Estado” en el sentido político. Todo Estado de la sociedad esta representado por el Estado, la reduplicación simbólica involucra al vacío y al exceso. No hay ningún estado de la sociedad sin un Estado en el cual se duplique la estructura de la sociedad”. (Pág. 139). El múltiple puro del ser no es aún una multitud de unos, para que haya un uno el múltiple puro debe ser “contado como uno”. Desde el estado de una situación el múltiple anterior sólo puede aparecer como nada. De este modo “nada” es “el nombre propio del ser como ser” antes de ser simbolizado. Para Demócrito los átomos eran una forma de configuración del vacío. El exceso de este vacío toma dos formas: a) cada estado de cosas involucra un elemento excesivo que aún perteneciendo a la situación no es “contado” en dicha situación. “La plebe” no integrada en lo social, es un elemento presente pero no representado. b) el exceso de la re-presentación sobre la presentación por ejemplo “El poder estatal es necesariamente “excesivo” nunca representa a la sociedad de modo simple, sino que actúa como una intervención violenta en lo que representa. (pág. 140). El acontecimiento verdad hace visible el exceso y la falta de una situación. Lo que en realidad hace la verdad es revelar que la propia estructura determina las disfunciones. Así con respecto al ancien Régime, el acontecimiento verdad reveló las injusticias propias del sistema. En el psicoanálisis, los lapsus, los sueños, las formaciones del inconsciente son torciones sintomáticas. Hacen accesible la verdad del sujeto que a su vez es inaccesible para el saber. La crisis económica es una “torción sintomal” para el marxismo. Según Zizek, Badiou se opone claramente al antiplatonismo moderno que exclama la caducidad de la época en que era posible sostener un movimiento político basado en alguna verdad eterna o en algún a priori metafísico que por lo general termina en consecuencias totalitarias. Es preciso aceptar que vivimos una nueva era sin certidumbres metafísicas dando paso a un mundo pleno de contingencias.

Para Badiou “La doctrina fundamental de la política posmoderna es que no hay ningún acontecimiento, que “nada ocurre realmente” que el acontecimiento verdad es un corto circuito pasajero ilusorio” (Pág. 145)

En la actualidad un acontecimiento-como una intrusión de lo Real traumático que conmueve lo simbólico predominante-tiene lugar en sucesos compatibles con el conocimiento científico y los lugares más propios de acontecimientos y de su acontecer son: el acto político, la invención artística,  el acto psicoanalítico (en especial en el amor de transferencia). Y esto porque Badiou es perfectamente consciente de que en la era de la ciencia moderna ya no cabe aceptar la fábula del milagro, de la resurrección como forma de acontecimiento-verdad. El acontecimiento científico no puede ser anulado. Esto mismo y de modo parecido ocurrió cuando los filósofos griegos escucharon a San Pablo hablar de la Resurrección de Jesús, en su visita a Atenas.

Todo acontecimiento sólo es verdad si en la situación designada incluimos el acto de nombrarla y si uno habla desde una posición subjetiva-comprometida. La verdad es indecible desde el punto de vista del sistema. La fidelidad al acontecimiento es el esfuerzo que tiende a atravesar el campo del saber desde el punto de vista del acontecimiento, buscando los signos de la verdad. Badiou recurre a la triada Paulina de: Fe, esperanza y amor”. La Fe, es la fe en el acontecimiento, (la creencia de la resurrección de Cristo). La esperanza, es la esperanza de que se produzca la reconciliación final anunciada por el acontecimiento, (el juicio final) el amor, es la lucha para que esto ocurra. Al lenguaje que intenta nombrar el acontecimiento verdad Badiou lo denomina lenguaje-sujeto que carece de significado desde el punto de vista del saber. La indecibilidad del acontecimiento significa que no tiene ninguna garantía ontológica. No es reductible a una situación previa, no deducida ni generado por ella. Surge de la nada (la nada como verdad ontológica de la situación anterior).

Un historiador neutro no podrá ver en “La Revolución Francesa” la serie de huellas del acontecimiento, “revolución Francesa” sólo podrá advertir la multitud de sucesos en la red de las determinaciones sociales. Sólo el observador comprometido percibe los hechos históricos positivos del acontecimiento-verdad. Dice Badiou un acontecimiento es autoreferencial ya que incluye su propia designación simbólica “revolución francesa”. Este nombre forma parte del contenido designado. Si sustraemos, esta designación el contenido se convierte en una multitud de sucesos positivos accesibles al saber. En este sentido un acontecimiento compromete la subjetividad, como ya hemos dicho, que forma parte del acontecimiento en sí.

Se puede decir que el saber es verificativo y la verdad es performativa. Así como es preciso diferenciar entre veracidad o el saber y la verdad. Marx empleaba el término proletario como sinónimo de “clase obrera”. No obstante “clase obrera” es una designación que pertenece al saber (sociológico) mientras que “proletario constituye el operador de la verdad o el agente de la lucha revolucionaria.

Badiou en la versión de Zizek señala que “el nazismo fue un seudoacontecimiento y la revolución de octubre un acontecimiento auténtico porque ella se relacionaba con los fundamentos mismos de la situación del orden capitalista, y socavó efectivamente esos fundamentos en contraste con el nazismo, que puso en escena un seudoacontecimiento, precisamente para salvar el orden capitalista, una de las tantas formas de cambiar para no cambiar (pág. 149).

Para Badiou el acontecimiento verdad es la verdad en sí para sus agentes y no para los observadores externos. Un acontecimiento emerge del vacío de la situación, esta ligada a lo sintomático al elemento supernumerario sin lugar en la situación. La revolución de octubre es un acontecimiento porque se relaciona con la “lucha de clases” como “torción sintomática”.

Mientras que el nazismo es un simulacro, ya que repudia al trauma de la lucha de clases. En el cristianismo el acontecimiento verdad se construye después del hecho. Marca así la diferencia entre el acontecimiento y su nominación. Un acontecimiento es el encuentro traumático con lo Real mientras la que nominación es la inscripción del acontecimiento en el lenguaje. Para Lacan, un acontecimiento es el objeto petit a, la nominación un nuevo significante. La verdad de un acontecimiento aparece descentrada a priorí con respecto al acontecimiento en sí, no depende del modo de su inscripción en el Otro.

 

A. Badiou y “El Siglo”.
El Siglo XX como lo Real de lo imaginario o lo simbólico del Siglo XIX.

Badiou recurriendo a la historia del s. XX nos dice en su libro “El Siglo”; el siglo comienza con la guerra de 1914-1918 y termina con el derrumbe de la URSS y el final de la guerra fría. (Pág. 12) Es decir que el siglo se articula en torno a dos guerras mundiales y del origen, despliegue y hundimiento de la empresa comunista. En el corazón del siglo esta el crimen comunista stalinista y los crímenes nazis. “Es un siglo maldito”, dice el filósofo francés, y añade “Este siglo es el siglo totalitario”. El tiempo del comunismo comienza en 1917 con Lenin, llega a 1937 con Stalin y  a 1942-1945 con Hitler, concluye en 1976 con la muerte de Mao Tsé Tung. En este tiempo surgen los campos de exterminio, las cámaras de gas, las masacres, el crimen estatal y la masacre masiva. Pero también cabe caracterizar el siglo XX como el siglo del tiempo del capitalismo y del mercado mundial, tiempo de la victoria de la economía liberal.

Una de las verdades del siglo es el hecho de que las democracias aliadas en guerra contra el nazismo no se preocuparon por el exterminio totalitario. La estrategia militar estaba diseñada para frenar y acabar con el expansionismo alemán  y no específicamente una lucha contra el régimen Nazi y el exterminio de los judíos. Es más los países democráticos se aliaron para bombardear Serbia, Irak o Irán, olvidando de que millones de seres humanos en África mueren a causa del sida. Sin posibilidad de que se traten con los fármacos recomendados en la actualidad por razones: de prioridad de financiamientos, razones imperiales, por razones de economía, etc. Como señala Badiou “El verdadero problema del siglo es el acoplamiento entre las democracias y lo que estas designan a posteriori como su Otro, la barbarie de la cual son inocentes” (Pág. 17). No se trata de juzgar y condenar el siglo, se trata, dice Badiou, de pensarlo y, por lo tanto, disponer  su ser-pensable” (Pág. 18).

“En los comienzos el siglo que va de 1890 a 1914 representa un periodo de grandes inventos, de creatividad sólo comparable al renacimiento de Florencia.
En 1898, fallece Mallarmé después de publicar lo que se considera el manifiesto de la escritura contemporánea.
1905. Einstein descubre la relatividad y la teoría cuántica.
1900 Freud publica “La interpretación de los sueños”.
1002 Lenin crea la política moderna.
1908 Shoenberg funda la posibilidad de la música no tonal.

Los comienzos de siglo son prolíferos en creatividad. Se publica “En busca del tiempo perdido” de Proust. Joyce el “Ulises”. A este tiempo pertenecen los sendos trabajos de Frege, Russell, Hilbert, Wittgenstein, al tiempo que destacan la importante producción de Poincare, Rieman, Cantor y por supuesto es el siglo de Pesoa, de Picasso de Husserl.
Surge un enorme desarrollo de la lógica matemática y de la filosofía del lenguaje, que provocara cambios relevantes en el modo de organizar las relaciones humanas, la vida y el modo de organizar el mundo.

De otro lado se puede decir que el siglo, en su vertiente fascista, se obsesiona con la idea de cambiar al hombre, crear un hombre nuevo, que conlleva “la destrucción del hombre viejo”. Cambiar al hombre en lo que tiene de más profundo “Este cambio de las profundidades humanas ya sabemos a donde conduce. Nietzsche fue el que habló (de Zaratustra) del advenimiento del “hombre nuevo” bajo la idea de superhombre (también habló de el último hombre).

Paradójicamente hoy en día  se busca la conservación del hombre antiguo, se ha olvidado muy pronto la búsqueda del hombre nuevo, en todo caso la creación del hombre nuevo o los recambios que se puede realizar  en lo más profundo de su ser al “ultimo hombre”   es más viable y factible, hoy por hoy, gracias a la decodificación de ADN y a las manipulaciones genéticas para proseguir con el soñado proyecto prometeico. Cambiar al hombre es una empresa que corresponde a la ciencia y a la técnica, porque parece que llega a su fin la era de las “tres grandes transformaciones”.

Badiou recurre a la figura de la “bestia” tomado del poema de Mandelstam uno de los más grandes poetas del siglo, de la lengua rusa, crítico feroz de Stalin que muere a consecuencia de las purgas de 1937 llevadas a cabo por Stalin.

A través del poema de Mandelstam el filósofo francés  va realizando una radiografía, un análisis  del siglo. El poema del ruso va desvelando y mostrando una visión orgánica del siglo. La  gran pregunta, de carácter ontológico, del siglo XX es ¿Qué es la vida? “por eso la metáfora del conocimiento del siglo puede ser la tipología de una bestia. Pero el siglo como bestia es “bestia mía”. Otra pregunta puede ser formulada de la siguiente forma: ¿Qué es la verdadera vida, que es vivir verdaderamente? Este interrogante atraviesa el siglo y la noción del superhombre de Nietzsche es una respuesta anticipada.
¿Quién sabría hundir los ojos en tus pupilas? La cuestión del cara a cara es el acto heroico del siglo. Para mirar el siglo-bestia es preciso tener una capacidad subjetiva superior que la que va con la época y a la capacidad de “abandonarse a la vida del objeto” como decía Hegel “la idea del s. XX es confrontarse con la historia, dominarla políticamente” (Pág. 31). “Entre el corazón del s. XIX y el pequeño s. XX, entre 1850, 1920, se pasa del progresismo histórico al heroísmo político” (Pág. 31) y que siguiendo el movimiento histórico espontáneo se pasa de la confianza a la desconfianza. La tarea del nuevo hombre es forzar la historia, hay que obligar a la historia. Así el s. XX se torna voluntarista. Si la historia es una bestia enorme y nos supera es preciso obligarla a servirnos.

Para Badiou el gran poeta ruso dice cosas en apariencia contradictorias de la osamenta de la bestia, de la consistencia del tiempo histórico.
“a) La osamenta es pesada, aplastante y nudosa. En filigrana, la radiografía revela una pesadez esencial. Antaño la bestia era ágil pero ya no lo es. En 1923 se acaba de salir de la carnicería de 1914 – 1918 y en Rusia peor aún, de la guerra civil y el comunismo de guerra. La esencia del siglo- bestia es la vida, pero una vida que vomita sangre y muerte.
b) A la inversa: la osamenta es de una extrema fragilidad, hay algo que aún no ha sedimentado, la bestia es infantil, naciente.
c) Para terminar: esta vértebra ya está rota. Aun antes de comenzar, el siglo tiene quebrada la espina dorsal”. (Pág. 33)

Estos enunciados contradictorios hay que entenderlos como descripción subjetivada del siglo XX. Iniciado en la pesadez y la sangre, nos aplasta ya con su peso fúnebre. Pero al tiempo hay indeterminación por estar en la alborada, una promesa naciente y frágil. No obstante algo esta roto y discontinuo e incapaz de sostenerse, estamos ante un siglo lisiado.

El siglo estuvo obsesionado por el terror, se sabe sangriento desde la guerra de 1914 un siglo de “carnicería”. Pero al tiempo el siglo se piensa como signo de una promesa y el inicio de una nueva era.

Citando una vez más a Mandelstam: “Para arrancar al siglo de su prisión, para comenzar un mundo nuevo”.Ya que para el poeta dice Badiou “El siglo es al mismo tiempo prisión y nuevo día” un dinosaurio condenado o una joven bestia naciente.

Un siglo  fracturado y con el espinazo roto: “Pero tienes la vértebra quebrada, pobre y bello siglo mío...!”

La idea dominante que  atraviesa todo el siglo es el de  la gran oportunidad perdida. Lo que resta es efectuar una reparación de su impotencia. Por ser vitalista indaga y duda de su propia vitalidad. Por ser voluntarista duda de su fuerza. Plena de nostalgia mira hacia atrás y cuando se siente sin energía se ve como una promesa incumplida.

Si se mira hacía atrás hacia el siglo XIX, nos preguntamos con el poeta:
“[¿Quién podrá pegar] con su sangre las vértebras de las dos épocas?”.
Ambos siglos (el siglo XIX y el siglo XX) sin duda están relacionados pero hace falta saber “¿cuál es el verdadero sentido de esa relación?” la respuesta esta en la manera de pensar sus vínculos. Para Badiou hay dos vínculos posibles:

“a) la finalidad ideal: el siglo XX cumple las promesas del siglo XIX. El siglo XX realiza lo pensado por el siglo XIX. Por ejemplo, la Revolución, soñada por los utopistas y los primeros marxistas. En términos lacanianos, esto puede decirse de dos maneras: o bien que el siglo XX es lo real de aquello cuyo imaginario fue el siglo XIX, o que es lo real de aquello de lo cual el siglo XIX fue lo simbólico (los elementos con los que hizo doctrina, lo que pensó y organizó).

b) la discontinuidad negativa: el siglo XX renuncia a todo lo que el siglo XIX (edad de oro) prometía. El siglo XX es una pesadilla, la barbarie de una civilización hundida.” (pág. 35) El filósofo francés que nos ocupa dice que se ha dicho que la barbarie del siglo XX se debía a que los revolucionarios o fascistas aceptaban el horror por la promesa del porvenir. “Estoy convencido de que lo que fascinó a los militantes fue lo real de ese siglo”. Hay de hecho una exaltación de lo real hasta en su horror. La importancia del poema de Maldelstam radica en la tercera estrofa, que otorga un papel decisivo al poeta:
Para arrancar al siglo de su prisión,
para comenzar un mundo nuevo,
las rodillas de los días nudosos
debe unirlas la flauta.
Es el siglo, si no, el que agita la ola
Según la tristeza humana,
Y en la hierba respira la víbora
Al ritmo de oro del siglo.

El poeta nos dice que -en la lectura de Badiou- si queremos comenzar un mundo nuevo, es necesario “la flauta” (el arte), en el siglo, tiene el papel de unir. Encontramos así otro tema que obsesiona al siglo, ¿cuál es la función del arte? durante gran parte del siglo XIX tiene vigencia la función del poeta guía, pero ya obsoleta a finales del siglo XIX, su figura queda invalidada. Con Mallarmé, el  siglo XX funda otra figura, la del poeta que preserva el pensamiento perdido.

El poeta es el protector, en la lengua de una apertura olvidada; es, como dice Heidegger, “el custodio de lo Abierto”. El siglo es la tentación del pecado absoluto, consistente el abandonarse sin resistencia a lo Real del tiempo “ritmo de oro” quiere decir aceptar sin mediación la violencia, la pasión de lo Real. Contra todo esto, solo tenemos la flauta del arte. Del coraje de pensamiento “ser de su tiempo, mediante una manera inaudita de no serlo” como decía Nietzsche tener el coraje de ser intempestivo. Todo verdadero poeta es una consideración intempestiva.

De paso comentaremos de forma breve algo más sobre el concepto de lo Real.
“Lacan vio con mucha claridad que la experiencia de lo real es en parte experiencia del horror” (Pág. 35-36). La lectura lacaniana del fort-da nos permite conceptualizar y acercarnos con algo más de claridad a la comprensión de lo real. Si el niño consigue reemplazar al carrete por la madre que de este modo le permite decidir su ausencia y su presencia superando así la ausencia de la madre. No obstante cabe preguntar ¿Si el carrete es una representación de la madre o constituye lo que Lacan denominó “objeto a”, un biceptor, el carrete no pertenece ni al niño ni a la madre más bien esta entre los dos.

Lacan  en el seminario XI, señala “te amo, pero hay algo en ti más que tú mismo que amo, objeto petit a, por lo tanto te destruyo”. Comenta Zizek “esta es la fórmula elemental de la pasión destructiva de lo Real como el empeño por extraer de ti el núcleo Real de tu ser”(Zizek “El títere y el enano” Ed. Paidós Buenos Aires 2005 pág. 84)
La angustia guarda relación con este dicho de Lacan en el encuentro con el deseo del Otro. Lo que el Otro busca no es a mi, lo que busca es ese núcleo Real. “Eso que es en  mi más que yo mismo” (Pág. 84 O.C.) aunque para ello  sea preciso mi destrucción para poder extraer ese “núcleo Real” (eso que es en mi más que yo mismo) esa extimidad que esta en mi “un cuerpo extraño en mi interior” sólo es extraíble a costa de mi destrucción.

La angustia ante el deseo del Otro tiene que ver con la madre que goza de su hijo, es el modo de estar atrapado en el goce del Otro. El problema de la angustia no es tanto la pérdida de la madre. La angustia es efecto de la presencia abrumadora de la madre. Por lo tanto de lo que se trata es de distanciarse para sustentar el propio deseo ante la omnipresencia de la madre.

Volviendo a Badiou y lo que dice del siglo Zizek añade “Alain Badiou identificó el rasgo clave del siglo XX como la “pasión por lo Real”; en contraste con el siglo XIX de la utopía o los proyectos ideales científicos de los planes para el futuro, el siglo XX apuntó a entregar la cosa misma a realizar directamente el ansiado nuevo orden” y así “la experiencia directa de lo Real como opuesto a la realidad social cotidiana, lo Real en su violencia extrema como el precio que había que pagar por ir quitando una por una las engañosas capas de la realidad” (O.C. pág. 89).

 Ya hemos visto como la experiencia del siglo XX fue la experiencia directa de lo Real en su violencia extrema. Un precio que había que pagar por ir quitando las engañosas capas de la realidad. Ernest Jünger manifestaba su júbilo por los combates cara a cara como ejemplo de un auténtico encuentro intersubjetivo. La autenticidad reside en el acto de trasgresión violento que se encuentra en: lo Real lacaniano, la cosa que enfrenta Antígona y el exceso batailleano.

Otra forma de abordar la pasión por lo Real en el siglo XX sería a) la purificación que se esfuerza por aislar el núcleo de lo Real. b) la sustracción comienza desde la nada desde la sustracción de todo contenido determinado y luego se intenta establecer una diferencia mínima entre esa nada y un elemento que funciona como su suplente.

J. Ranciere desarrollo estos conceptos bajo la “política del conjunto vacío” o del “elemento supernumerario” que pertenece al conjunto pero no tiene un lugar distintivo en el. La política para Ranciere es un fenómeno que surgió en la Grecia Antigua. Cuando los miembros del demos (aquellos sin lugar en el edificio social) exigieron ser escuchados, protestaron por el prejuicio que sufrían, quisieron ser oídos y exigieron la igualdad. Los excluidos, aquellos sin lugar fijo se postulan como los suplentes de toda la sociedad, de lo universal. Nosotros “los nada” estamos contra esos otros que sólo representan sus intereses particulares. Así la tensión surge entre el cuerpo social estructurado y “la parte que no tiene parte”, esa parte que están desplazados, que flotan libremente sin trabajo, sin residencia.

La política implica una especie de cortocircuito entre lo universal y lo particular. Esta identificación de la no- parte con el todo de la parte sin ningún lugar en lo social, es el gesto elemental de la politización que se pone de manifiesto en la revolución francesa y en la muerte del socialismo. La diferencia mínima es la que hay entre un conjunto y el elemento excedente que pertenece a este conjunto pero carente de toda propiedad que lo diferencie y que pueda otorgarle su lugar dentro de lo social. Esta falta de diferencia lo convierte en una encarnación de la diferencia pura entre el lugar y sus elementos. Este elemento supernumerario es una especie de Malevich en la política como el “cuadro blanco sobre fondo blanco”. “Un cuadro es una superficie que marca la diferencia mínima entre el lugar y lo que tiene lugar entre el fondo y la figura” (Zizek, El títere y el enano. Pág.92). El artista lleva a cabo una depuración extrema. “Se elimina el color, se elimina la forma y solo se mantiene una alusión geométrica, que sostiene una diferencia mínima, la diferencia abstracta del fondo y la forma y sobre todo la diferencia nula entre el blanco y el blanco, la diferencia de lo Mismo, que podremos llamar diferencia evanescente”. Se trata de una destrucción sustractiva”. (A. Badiou O. C. Pág. 79).

Para Laclau y Mouffe este elemento excedente surge cuando pasamos de la diferencia al antagonismo. Ese elemento excedente representa la diferencia pura como tal, representa lo no social dentro del campo social. En ese elemento el cero cuenta como uno.

Malevich con su “cuadro blanco sobre fondo blanco” muestra un pensamiento sustractivo, gesto próximo al de Mallarmé, que pone en escena la diferencia mínima.

Para Badiou:
Hay una posición de lo Real que es identitaria: captar la identidad real, desenmacarar sus copias, desacreditar los falsos semblantes. Es una pasión por lo auténtico y la autenticidad. Es una categoría tanto de Heidegger como de Sartre. Esa pasión sólo puede cumplirse como destrucción.

Hay otra pasión de lo Real, una pasión diferencial y diferenciadora, que se consagra a construir la diferencia mínima y proponer su aximática. El “cuadro blanco sobre fondo blanco” es una proposición en pensamiento que opone la diferencia mínima a la destrucción máxima.

La pasión de lo Real es siempre la pasión por lo nuevo. Con esta cita de Malevich, citado por Badiou, vamos a concluir nuestra somera introducción a su pensamiento en su libro “El Siglo”, cuya lectura recomendamos. “Malevich nos dice que es el acto sustractivo: inventar el contenido en el lugar mismo de la diferencia mínima, donde no hay casi nada. El acto es un “día nuevo en el desierto” (A. Badiou O.C. Pág.81).

El cristianismo basado en el acontecimiento-verdad de la resurrección sólo puede contarse, hoy en día, como su apariencia. El mensaje de San Pablo ya no es operativo para nosotros pero tiene en sí un alcance universal para todo acontecimiento-verdad. Dice Badiou “un acontecimiento verdad siempre lleva a una especie de “Resurrección”.
San Pablo – dice Badiou – fue el teórico antifilosófico de las condiciones formales del procedimiento de la verdad. Proporciona la primera articulación del modo en que la fidelidad a un acontecimiento-verdad tenga que ver con un acontecimiento-verdad, que es una mera apariencia y no una verdad real. Hay una identidad del acontecimiento verdad con la ideología. La ideología organiza una conciencia separada de lo Real. El concepto mismo de ideología cristaliza la certidumbre científica de que las representaciones y los discursos deben leerse como las máscaras de un Real que ellos denotan y disimulan. El poder de la ideología no es sino el de lo Real, en cuento ella transita por ese desconocimiento. (A. Badiou O.C. Pág 70). El siglo XIX afirmaba con optimismo el poder del conocimiento positivo, el siglo XX descubre el poder de la ignorancia, lo que Lacan llama pasión por la ignorancia.

Badiou realiza una confrontación con el psicoanálisis oponiendo el acontecimiento-verdad a la pulsión de muerte. Si sólo con Cristo hay una verdadera vida y al margen de Cristo la vida se convierte en una decadencia morbosa. Dedicar la vida a los placeres excesivos termina por malograrse. Lacan llama distancia entre dos muertes, para abrirse a la vida auténtica hay que suspender el apego a esta vida y entrar en el ate “El entre dos muertes” en el mundo de los muertos no muertos. Para Badiou la muerte de Cristo en la cruz, indica que “Dios se convirtió en hombre” que la verdad eterna es algo inmanente a la vida humana, accesible a todos los seres humanos. Es más para Badiou “El acontecimiento-verdad no es más que un comienzo radicalmente nuevo; designa la inclusión violenta, traumática y contingente de otra dimensión, no mediada por el dominio de la finitud y la corrupción terrenal” (“El Espinoso sujeto”. Zizek. Pág. 158). El mensaje del cristianismo es que al afirmar la identidad de Dios y el hombre, la dimensión infinita de la verdad inmortal le es accesible también a un mortal finito humano. Lo que importa es la resurrección de Cristo muerto (un mortal humano) como signo de que todos los humanos pueden ser redimidos y por ende participar en el acontecimiento-verdad. Sólo somos seres particulares determinados por nuestro lugar específico en el orden global. La ley es en última instancia otro nombre de la justicia cósmica. Nosotros seres humanos no estamos limitados a la positividad del ser. Puede darse un acontecimiento-verdad, de forma contingente y nos abre la posibilidad de participar de otra vida si permanecemos fieles al acontecimiento-verdad.

En la lectura que hace Badiou de San Pablo, la ley no es universal sino particularista (afirmación contraria a la lectura acostumbrada). San Pablo en el versículo 7 del capítulo 7 de la Epístola a los Romanos sostiene que no hay un pecado anterior e independiente de la ley. Antes de la ley hay una vida inocente. La vida que vivimos, después de la pérdida de la inocencia, es una vida en la cual el pecado y la ley, el deseo  su prohibición están entrelazados. El acto mismo de la prohibición suscita el deseo de transgresión.

Con este tema tocamos el complejo problema de ley y deseo que Lacan discutirá y desarrollará ampliamente, especialmente en el seminario nº 7 y que dejamos para un desarrollo más exhaustivo más adelante.

Para Lacan siguiendo a Zizek el sujeto es correlativo con la brecha entre lo universal y lo particular. El sujeto es el acto, la decisión por medio de la cual pasamos de la multiplicidad dada al acontecimiento-verdad o hegemónica. Este estatuto del sujeto se apoya en la idea kantiana de que la realidad es no-toda. “Sujeto no es el nombre de la brecha de libertad y contingencia que invade el orden ontológico positivo, activa en sus intersticios, sino la contingencia que fundamenta ese orden ontológico positivo, es decir, el mediador evanescente, cuyo gesto de autoanulación transforma la multiplicidad caótica pre ontológica en la apariencia de un orden positivo “objetivo” de la realidad” (Zizek O.C. Pág. 171). Toda ontología es política basada en un acto de decisión subjetivo  y contingente. Kant estaba en lo cierto la idea del universo, del todo de la realidad, como una totalidad que existe en sí misma debe ser rechazado.

A la pregunta ¿Se puede llamar sujeto a la brecha, al vacío que precede al gesto de subjetividad? La respuesta es afirmativa.

Hay que evitar la trampa de concebir al sujeto como el gesto que interviene para llenar la brecha ontológica. El sujeto más bien es esa brecha que se llena con la subjetivización (en Laclau establece una nueva hegemonía, en Ranciere “es la parte de ninguna para y en Badiou asume la fidelidad del acontecimiento-verdad, etc.) El sujeto es al tiempo la brecha ontológica (“la noche del mundo”) y también el gesto de subjetivización que por un cortocircuito entre lo universal y lo particular, cura la herida de esa brecha (Zizek 171) Lacan decía que es un gesto del Amo que establece una nueva armonía. Dice Zizek: la subjetividad es un nombre de esa circularidad, de un poder que no lucha contra una fuerza que resiste desde afuera (digamos la inercia del orden sustancial dado) sino contra un obstáculo absolutamente intrínseco, que en última instancia, es el propio sujeto” (El espinoso sujeto. Zizek Pág. 172). La pulsión de muerte es el reverso constitutivo de toda afirmación enfática de la verdad irreductible al orden positivo del ser. Es el gesto negativo que abre un espacio para la sublimación creativa. La sublimación presupone la pulsión de muerte y esto significa que cuando un objeto sublime irradia un entusiasmo que nos atraviesa en objeto es “una máscara de muerte” Nietzsche diría: querer ese objeto sublime equivale a querer nada.

La diferencia entre Badiou y Lacan se puede ver en lo concerniente al objeto. Badiou trata de evitar la identificación del sujeto con el vacío de la estructura. Porque esa identificación  ontologíza al sujeto de modo negativo al convertirle en consustancial con la estructura lo hace pertenecer al orden de lo necesario y a priori (no hay estructura sin sujeto). Cuando se produce –de modo contingente un acontecimiento-verdad ahí está un sujeto que se mantiene fiel.

Por su parte Lacan distingue entre sujeto y la subjetivización.
El sujeto anterior a este proceso de subjetivización es la pura negatividad de la pulsión de muerte antes de su identificación con un significante Amo. Dice Zizek que: “la palabra sujeto designa la contingencia de un acto que sostiene el orden ontológico” (O.C. Pág. 173)

La diferencia entre Lacan y Badiou se deja ver claramente en la lectura que realizan  de los acontecimientos políticos. La desintegración del socialismo europeo para Badiou no fue un acontecimiento-verdad. Su desintegración condujo a un retorno del capitalismo parlamentario liberal o a un fundamentalismo étnico o racista. Pero si con Lacan distinguimos el acto como gesto negativo de un “no”, de un lado y de otro observamos su secuela positiva acentuando la dimensión del gesto negativo vemos que el proceso de desintegración produjo su verdadero acto. En las masas frustradas surgió un no al régimen comunista en un acto de solidaridad auténtica. Este no tuvo mayor importancia que la positivización frustrada.

En Lacan el acto es una categoría negativa. Involucra a la pulsión de muerte que fundamenta una decisión sin poder reducirse a ella. Así la pulsión de muerte en Lacan es un mediador evanescente entre el ser y el acontecimiento.
Esta distancia mínima entre pulsión y sublimación que para Lacan es la experiencia límite en la que el sujeto se encuentra confrontado a todo acto de sublimación, su aspecto más puro anterior a todo acto de sublimación.
Badiou por su parte queda adherido a la noción protoplatónica de la verdad y el bien. Que para Lacan “el bien es la máscara del mal diabólico, la belleza es la máscara del vacío central” (Zizek Pág. 175).

Para Badiou el psicoanálisis permite comprender la relación morbosa de la vida y la muerte, de la ley y el deseo y permite además comprender la obscenidad de la ley. El sujeto psicoanalítico es el sujeto dividido de la ley (simbólica) y no el sujeto dividido entre la ley y el amor. Ley que regula el orden del ser y el amor que conlleva la fidelidad al acontecimiento-verdad. Para Badiou el psicoanálisis no sale de campo de saber y es incapaz de encarar la dimensión de la verdad. El psicoanálisis reduce el amor al proceso de sublimación de la sexualidad. En la política el psicoanálisis sólo concibe a una colectividad unida por el crimen y la culpa primordial. No concibe a un colectivo militante revolucionario ajeno a la culpa respecto del padre y unidos más bien por la fuerza positiva del amor.

Para Lacan el acontecimiento-verdad sólo puede operar contra el fondo de encuentro traumático con la cosa monstruosa. Los cuatro genéricos de Badiou (arte, ciencia, el amor y la política) son modo de encuentros con la cosa Real. Badiou descarta el tema de la finitud humana, tanto el “ser para la muerte” de Heidegger así como la “pulsión de muerte” de Freud son formas de reducir al ser humano a su condición de animal. “Badiou ante esta ceguera “recuerda la dimensión metafísica que eleva al hombre más allá del reino animal y le permite ganar la inmortalidad al participar en el acontecimiento-verdad.

La inestabilidad del sujeto de la que habla Lacan solo puede aparecer en el horizonte de la finitud, como es el caso de la laminilla, la libido como objeto. Formación que representa y llena el vacío ontológico, no se trata de negar el modo humano de “inmortalidad”, sino de que hay que tener en cuenta que esa inmortalidad esta basada en el modo específico de lo finito. Incluso para Kant la finitud del sujeto trascedental no limita la libertad y la espontaneidad trascendental sino su condición. Así si un sujeto humano tuviera acceso directo a lo noumenal dejaría de ser un sujeto libre y se convertiría en un títere inerte enfrentado al poder divino y bajo su dominio.

Lacan contradiciendo a Badiou sostiene “que solo para un ser finito mortal el acto (o acontecimiento) surge como una intrusión traumática de lo Real; como algo que no se puede nominar, pertenecería, al acontecimiento simbolizado por su infinito, el acto sería transparente, lo Real coincidiría con lo simbólico. Así lo Real perdería su carácter traumático como intrusión de lo Real innombrable. O dicho de otro modo, el acto nunca puede ser subjetivizado totalmente en cuanto el sujeto es un agente mortal.

Lo que diferencia a Badiou y Lacan puede ser descrito o formulado en la diferencia entre histeria y el Amo.

Badiou exalta la figura del Amo, bajo su forma de maestro. El amo nombra el acontecimiento nuevo. Genera un significante Amo. Lacan toma partido: por la histérica que por su fidelidad al acontecimiento que cuestiona e insiste en la brecha que separa el objeto petit a y el significante Amo. El Amo pretende nominar y trata de convertir el acto en un nuevo significante Amo asegurando su continuidad. Por el contrario la histérica reacciona a cada simbolización del acontecimiento con un “no es eso”.
A diferencia del Amo y de la Histérica el discurso de la universidad apunta a suturar las consecuencias del acontecimiento con una explicación sin referencia al acontecimiento. Así el amor lo reduce a una serie de sucesos neuroquímicos en la red neuronal.

 

Acerca de los Discursos y lo Real:
El discurso universitario designa un vínculo social, la fórmula de este discurso (la parte superior) S2→a; se lee como empeñado en domesticar e integrar los excesos que se resisten.
Lo que casi siempre queda oculto en el discurso universitario es la relación entre psicoanálisis y estudios culturales.

Se suele decir que los estudios culturales y el psicoanálisis se complementan para no estar más alejados de la realidad deberían trabajar teniendo en cuenta sus limitaciones. Debemos decir que a los estudios culturales se le escapa lo Real de la experiencia clínica y ésta a su vez carece de una visión crítica-histórica abarcadora. De esto se desprende el hecho, que ya hemos mencionado, de que ambos están limitados, como dice Zizek “cuando los estudios culturales ignoran lo Real  de la experiencia clínica, la víctima no es los estudios culturales, sino la clínica que permanece atrapada en un empirismo pre-teórico”. (Pág. 12) “Cuando la clínica fracasa (al no poder dar cuenta de sus perspectivas históricas) la víctima es la propia teoría cultural que termina por separarse de la clínica para terminar en una ideología vacía. Esta brecha es la condición del ejercicio psicoanalítico. Si teoría y clínica se reconcilian es el final del psicoanálisis porque ya no sería necesario”. La teoría psicoanalítica es en definitiva la teoría sobre por qué su práctica clínica esta condenada al fracaso” (Pág. 12 “La suspensión política de la Ética” FCE Buenos Aires).

En el discurso universitario el oponente es acusado de ser dogmático y sectario. El discurso universitario no puede tolerar  una posición subjetiva comprometida. Dice Zizek “¿no sería acaso nuestro primer gesto como lacanianos asumir heroicamente esta acusación de ser sectarios?

El discurso universitario como hegemónica de la modernidad tiene dos formas 1) El capitalismo con su lógica del exceso integrado y que se produce por una constante autorevolución. 2) el totalitarismo burocrático que se manifiesta como: dominio de la tecnología, dominio de la razón instrumental de la biopolítica. El hecho fundamental del capitalismo es la lógica de integrar la plusvalía al sistema, además del dominio tecnológico.

El totalitarismo stalinista como productividad autoimpulsada y liberada de la forma capitalista, hecho por el que fracasa, se constituyó finalmente en un sistema de tipo capitalista para terminar  en una forma de sociedad administrada. Aquí estamos ante  los dos excesos: el exceso de la plusvalía de carácter económico y el exceso de poder de carácter político; el exceso de la representación sobre lo representado. Es el ejercicio del poder moderno. Las leyes no interfieren pueden ser destruidos si se desea  (dando paso a los vínculos perversos).

No existe un meta lenguaje que nos permita traducir la lógica de la dominación a la reproducción capitalista (a través) del exceso, o viceversa. (Zizek pág. 13 O.C.)
Para Zizek se comprende mejor las vicisitudes de los discursos si nos atenemos a la historicidad de la modernidad europea.

El Discurso del Amo nos tiene validez para el amo postmoderno sino para la época de la monarquía absoluta. El rey sol diciendo “el Estado soy yo” es la perfecta expresión de este magno discurso.
El discurso histérico y el discurso universitario muestran dos resultados posibles  como efecto del dominio del Amo. El  gobierno burocrático de los expertos concluye en la biopolítica. Reduce a los seres humanos a una colección de homo sacer o seres administrados. La subjetividad capitalista histérica se reduce por medio de una autorevolución  a la integración del exceso al funcionamiento normalizado del vínculo social. El capitalismo constituye la verdadera revolución  permanente. Los cuatros discursos de Lacan muestran las dos caras de la modernidad (administración total, dinámica capitalista-individualista) como formas de debilitar el discurso del Amo. El discurso del Amo sostiene la emergencia de la subjetividad revolucionaria y emancipatorio que dirige el paso de la universidad a la histeria en el que el agente (revolucionario) (a) se dirige al sujeto desde el saber que ocupa el lugar de la verdad y el objetivo es aislar y desprenderse del significante Amo que fue estructurado por el inconciente ideológico político del sujeto.

J.A. Miller  dice que  hay una identidad  del discurso  del analista con el discurso de la civilización actual donde el vínculo social  es el de la perversión. La  parte superior del la formula del discurso  del analista   es igual a la de la perversión ( a →$).El agente el perverso masoquista ocupa la posición  del objeto- instrumento del deseo del otro, así al servir a su víctima (femeninas) la postula como el sujeto histerizado y dividido que no sabe lo que quiere., el perverso lo  sabe por ella y finge hablar desde una posición de saber  que le permite  servir al otro. El producto final  de este vínculo social es el significante  Amo, donde el sujeto histérico queda elevado al papel de amo al que sirve el perverso masoquista. La  diferencia que sostiene el analista en su tarea es ser el agente que se reduce al vacío, vacío que provoca en el sujeto al enfrentarse  a la verdad de su deseo.

En la civilización, los cuatro términos del discurso se mantienen separados, cada uno opera por sí mismo, sólo en el psicoanálisis esos términos quedan entrelazados en un discurso.

Esta síntesis que coloca a los términos en un vínculo no es objetivo de psicoanálisis. Es el análisis que separa lo que en el vínculo social parecen ir juntos. Es un análisis efectuado por Agamben (estado de excepción) opuesto al de Miller. Agamben intenta romper el círculo vicioso que encierra ley o violencia (ley sostenida por la violencia).

Agamben no es partidario de la síntesis, sino de la separación, no colocando juntos ley y violencia. Agamben sostiene una tesis antihegeliana pero una lectura  más adecuada y atenta nos hacer ver que se trata más bien de la síntesis hegeliana. En esta síntesis no hay reconciliación en una especie de “síntesis más alta” Zizek para especificar este hecho acude al ejemplo de Pablo. La brecha que postula entre vida y muerte entre vida en Cristo y vida en pecado no es en sí la resolución de la contradicción absoluta de ley y pecado.

La ciencia hegeliana de la reflexivilización-mediatización global aplicado a nuestras vidas nos hace ver que lo que genera nuestra propia inmediatez brutal, que explica bien lo que E.Balibar caracteriza como rasgo de la vida contemporánea: una crueldad que va de la crueldad fundamentalista racista o religiosa y hasta violencias extremas de muchos jóvenes. Esta es una violencia sin sentido que podríamos decir que es una violencia del Ello. Un mal derivado de una mala estructuración de la relación entre el Yo y el Goce, tensión entre el placer y el cuerpo extranjero de goce en su propio núcleo. La violencia del Ello pone en escena “el cortocircuito” en la relación del sujeto con el objeto-causa primordialmente ausente de su deseo: lo que nos molesta en el otro sea judío, chino, japonés etc. Es el  hecho de que nos parece que mantiene una relación muy especial  con el objeto. El otro está en posesión del agalma, del objeto tesoro que nos ha robado. También el otro nos produce agresividad porque es una amenaza a nuestra posesión del objeto.

La  reflexivización global  de la sociedad  trae consecuencias especialmente para  la interpretación analítica. Lo que lacan llama formaciones del inconsciente (sueños, síntomas, lapsus etc.) han perdido su inocencia, en esta reflexivización global de la interpretación  da como resultado que la interpretación analítica ha perdido su “eficacia simbólica, dejando al síntomas intacto.

Como sabemos, para Lacan, la pulsión circula alrededor de su objeto. El capitalismo interpela a las personas como consumidoras generando en los individuos nuevos deseos (pervesos y excesivos) llegando a manipular el deseo para desear nuevos objetos de consumo y nuevos modos de placer. La pulsión es lo que mueve la maquinaria capitalista, como señala Zizek “es la compulsión impersonal a participar en el interminable movimiento circular de la autoreproducción” (Zizek O.C. Pág. 25).

La pulsión capitalista se pone en marcha en los agentes del capital. Que en cierta forma están sometidos al modo de la pulsión cuando la circulación del dinero se convierte en un fin en sí mismo, y la expansión del valor ocurre sólo dentro de este movimiento constantemente renovado. Como dice Lacan, el objetivo de la pulsión es circular alrededor del objeto de forma interminable.

Es sabido que Lacan el 12 de mayo de 1972, en Milán añade a sus Cuatros Discursos, el discurso Capitalista como una variante del Discurso del Amo, por inversión de los términos S1 y $. En este discurso hay rechazo de la verdad. La verdad ocupa el lugar del agente o semblante. Este semblante no está determinado por el efecto de verdad. Este discurso implica el rechazo de la castración.

Discurso capitalista, vínculos perversos en la sociedad actual (la fantasía invertida) la inducción a gozar del superyó, están presentes en la vida cotidiana de hoy en día.

J. Miller en el año 2004 dice que “El Discurso del Amo” hoy ya no es el reverso del analista nuestra civilización actual muestra la fórmula del Discurso del analista, esto es, “El agente del vínculo social es hoy “a” (plus de goce). El objeto “a” como la inducción del superyó al goce. Esta inducción se dirige al S (sujeto dividido), quien trabaja para estar a la altura de esta inundación. La verdad de que este vínculo social es S2 el movimiento de los expertos científicos y el objetivo es generar S1, el autodominio del sujeto. Capacitar para resistir el llamado del goce con manuales de autoayuda.

1 Para más detalles ver: “El acontecimiento del amor”. De la insuficiencia del goce. Marqués Rodilla. Ed. Biblioteca Nueva 2006. Madrid.


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