número 4

inicio

presentación

equipo editor

artículos / documentos

entrevistas / reseñas

efecto Gutenberg

actividades

colaboradores / galería de artistas

números anteriores

enlaces

contactar

suscripción gratuita

temas clave: psicoanálisis Lacan política pensamiento revista digital


Serie Cuadros de Berlín, 2007 técnica mixta/papel
Emily Pütter (cortesía de la artista)

 

Anemia de héroes


Blanca Aragón Muñoz
Psicoanalista

“En el comienzo era la acción”
Goethe

En esta primavera de 2008, se conmemoran varias efemérides importantes: el 2 de mayo de 1808 en Madrid y los acontecimientos de 1968, desde el mayo francés al verano de ese año que trajo el aplastamiento de lo que había sido la primavera de Praga y la matanza de la plaza de Tlatelotco, justo antes de los Juegos Olímpicos de México, entre otros.

En las clases de historia en el colegio, primero, y en las visitas a las salas de Goya en el Museo del Prado, después, los niños de mi generación aprendieron lo que ocurrió el 2 de mayo de 1808 como una de las grandes gestas heroicas, comparable a la resistencia de Numancia.

Por esas caprichosas leyes del azar y del tiempo es posible que mientras algún maestro señalaba con orgullo la suerte que teníamos de pertenecer al pueblo que producía héroes como los del 2 de mayo, en París estuvieran lanzando adoquines en pleno boulevard de Saint-Germain.

La de 1808 era una jornada de actos donde la valentía y la barbarie se hicieron presentes. Actos en los que un pueblo se lanza por las calles, pertrechados con herramientas y navajas, contra varias divisiones de fusileros pertenecientes al ejército más poderoso de su tiempo. Acciones que de la algarada callejera que se produce junto al Palacio de Oriente, lo que llamarían disturbios actualmente, se transformarían en un levantamiento popular con el paso de las horas y de las noticias de boca en boca.

La del mayo francés, gamberradas estudiantiles, según los periódicos españoles de la época, sometidos a la censura franquista...y según Sarkozy, hoy.

Actos... ¿pero qué clase de actos?

Podemos preguntarnos por la algarada que se produce frente al Palacio Real. Se trata de acciones que no constituyen actos, en el sentido psicoanalítico, ya que no responden a la doble inscripción simbólica con que se definen éstos.

Es ahí donde se localiza la falacia de los estamentos más reaccionarios cuando intentan identificar el nacimiento del estado moderno español con el estallido que se produce ese 2 de mayo. Olvidan, aunque no inocentemente, que el mundo de las ideas, los “patriotas”, políticos e intelectuales se quedaron en casa, salvo raras excepciones. Olvidan que ese pueblo que se lanza a las calles y que vitoreará la constitución de 1812, es también quien reclama a gritos la vuelta de Fernando VII, cuyo primer acto de gobierno será derogar la constitución y reconstituir una monarquía absolutista.

En lugar de conferir a estas acciones una intencionalidad y una dirección, podríamos pensarlas en términos del sin sentido o como diría Wittgenstein.....lo que no puede ser dicho, puede ser mostrado.

¿Qué es lo que se pone en marcha en el instante en que da comienzo el primer tumulto?

Ya que no es un acto, aventuremos una hipótesis. De pronto la gente entra en acción, pasa a la acción o desde su traducción del francés, se produce una especie de pasaje al acto. Pasaje al acto que no tiene el carácter expresamente letal que le confieren los textos psicoanalíticos, aunque pone la vida en riesgo. Acción sin sujeto, al menos en un primer momento y que desde luego no lo causa, de ahí la diferencia con el acto.

A partir de ese primer instante, lo que se desencadena es pura pasión, goce desplegado, sed de sangre; en la línea de lo que Lacan llama invariante de goce1, separado por una barra de lo que constituyen las referencias al lenguaje y al Otro. Tan sólo es preciso observar los rostros enloquecidos con ojos desorbitados que Goya pinta en los cuadros referidos a estos sucesos para percibir ese punto de real que confiere a una sublevación  las características del trauma. El anillo de lo real traccionado, deformando al máximo la estructura del nudo borromeo.

Pero quizás sea ésta una condición sine qua non de las revueltas. Los cronistas se refieren a las gentes que las protagonizan en términos de ebriedad. Ebriedad de ira, de libertad, de venganza. La misión de las arengas antes de una batalla: que actúen contra la inercia de quedarse quietos y contagien la euforia, el estado de exaltación preciso.

Antony Beevor compara a los madrileños que luchan en las calles el 2 de mayo con los cretenses arremetiendo contra las divisiones paracaidistas alemanas 2, que desde 1941 habían invadido su isla. Las mismas imágenes: mujeres, ancianos y niños (los hombres en las montañas o muertos) atacando con cuchillos y aperos de labranza. La misma ferocidad.

Difícil no sentir la emoción, un poco de goce prestado que eriza la piel, sobre todo en una época tan paralizada como la nuestra.

Sigamos con Lacan y el 2 de mayo, no se trata de acciones en el marco de los momentos lógicos. No provienen del momento de concluir. Surgen de forma espontánea y hacen imposible su previsión certera. No son actuaciones para el Otro, es por ello que podría descartarse el acting-out. En el tumulto del 2 de mayo se percibe bien. Hay una vacante en el lugar del Otro. El estado sin gobernantes, en colapso.

Muy distinta la situación del mayo parisino pues da forma a la rebelión contra un Otro muy consistente que es cuestionado en su lugar de amo, creyendo utópicamente que era posible desbancar a un amo sin que otro, diverso pero amo, viniera a ocupar su lugar. Ese será el augurio de Lacan, sólo que el nuevo amo que encuentran es mucho más astuto y más terrible.

Diferentes también los protagonistas, pues en 1808 como en los disturbios del 2005 en los barrios periféricos de París, se trata de las capas más bajas de la sociedad, mientras en mayo del 68 son los hijos de la burguesía quienes toman las calles. Las voces de la derecha los igualan, calificando a unos y otros de gamberros y chusma.

Las gentes de orden que hoy deploran mayo del 68, hablan de moral. De la decadencia y la relativización de los principios morales, este fue uno de los argumentos del presidente francés en su discurso de final de campaña. Ni una sola referencia a los muertos de esos otros lugares donde las manifestaciones terminaron en matanzas, donde, a pesar de ser igualmente sus hijos, sus universitarios, sus intelectuales, sí les echaron encima las ametralladoras y los tanques.

En 1968, se clamaba por la libertad y se rechazaba de plano el capitalismo, el liberalismo económico. Hoy el capitalismo aparece como el único régimen posible, tras el desmoronamiento soviético. Pero frente a los que acusan a mayo del 68 de ser la causa de todos los males, el derrumbe de la autoridad y los principios morales, su herencia es el desarrollo de nuevas formas del capitalismo, que fagocitó los modos sindicales y el discurso de la izquierda, haciéndose más implacable a medida que se enraizaba en las sociedades democráticas del bienestar. Amos permisivos “posmodernos” cuyo dominio es aún mayor por ser menos visible3. Ese mundo unido, al compás de violines y con final feliz, se vino abajo junto a las Torres en Nueva York, creándose nuevos muros bajo la consigna de la seguridad.

Zizek enumera los elementos por los que el sistema capitalista podría implosionar, llevándose por delante a buena parte del planeta, en el mejor de los casos. Incluye una referencia a Hardt y Negri cuando hablan de los elementos comunes, cuya definición sería la sustancia común de nuestro ser social cuya privatización es un acto violento al que hay que resistirse por todos los medios (...) Son los elementos comunes de la naturaleza externa, amenazados por la contaminación y la explotación; de la naturaleza interna (herencia biogenética de la humanidad) y los elementos comunes de la cultura, el lenguaje y las infraestructuras comunes (...) Los proletarios no tenían nada que perder más que sus cadenas; ahora todos podemos perderlo todo 4.

Se avecinan otros mayos. Habrá que aprestarse a ellos. Habrá que ir saliendo de este estado de parálisis tensa, de anemia de héroes.

    LACAN, J. Seminario XXI. Los incautos no yerran. Inédito

    BEEVOR, Antony. Creta. La batalla y la resistencia. ED. Booket

    ZIZEK, Slavoj. Mayo del 68 visto con ojos de hoy. Diario EL PAIS, 1 de mayo de 2008

    Ibíd.


Subir