“Estaba en esa actitud cuando le llamé, explicándole
brevemente lo que quería que hiciese, esto es, cotejar
conmigo aquel pequeño documento. Imagínense mi
sorpresa, mi consternación, cuando, sin moverse de su
rincón, me contestó con voz singularmente suave,
a la vez que firme:
- Preferiría no hacerlo.
Durante un rato me quedé en el más absoluto
silencio, tratando de poner en orden mis atónitas facultades.
Inmediatamente se me ocurrió que los oídos me habían
engañado o bien que Bartleby no había entendido lo
que le había dicho. Repetí la orden con la mayor
claridad posible; pero, con la misma claridad llegó hasta
mí idéntica respuesta.
- Preferiría no hacerlo.
……………”
Bartleby, el escribiente
Herman Melville, Ed. Akal, 1998, Madrid |