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“El coleccionista”,
Fotografía digital, 2006
Jorge García
(cortesía del artista)
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Memoria histórica – Memoria subjetiva
Horacio Valla Ingenieros
Psicoanalista
Madrid, octubre 2007
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Durante el transcurso del alcoholismo crónico hay un estado,
un momento de su evolución (que cursa con polineuritis) donde
ocurre un gran desarreglo de la memoria y también un gran ingenio
de solución a este trastorno que es fabulación. La persona
no puede recordar, no tiene memoria y entonces, inventa. Si le preguntamos
al enfermo por lo que hizo el día anterior nos dará detalles
precisos con mucha seguridad acerca de las personas y de las conversaciones
que sostuvo. La improvisación del relato se hace con fragmentos
variados sin orden ni concierto y de distintas procedencias: acontecimientos
personales, recuerdos de lecturas, escenas recientes o por el contrario
muy antiguas, recuerdos de conversaciones, películas, etc. Se
trata de una amnesia que se compensa con fabulación. El yo, la
persona necesita seguir creyendo que tiene memoria y el lenguaje cumple
con poner ideas y palabras en la conciencia.
San Agustín que entendía de signos y lenguaje, pensó que
la memoria y el alma podían ser la misma cosa.
La memoria no parece tener límites precisos [y para eso nos servimos
de este ejemplo extremo del alcoholismo] como tampoco parece tenerlo
el lenguaje y la realidad que éste fabrica.
Siendo la memoria algo indeterminado, tratar de definirla con conceptos,
ideas, palabras con significado, que vienen a ser lo mismo, más
bien haríamos obstáculo para dejarla viva. No tengo principio
ni fin podría decir la memoria y si me faltara algo puedo acomodarme
a cualquier invento o fabulación. Saussure concluyó que
cualquier cosa puede asociarse con cualquier cosa para producir sentido.
Si a este barullo semántico que es la memoria la tenemos que pensar
como histórica, ella, la memoria, desde una lógica antigua
nos podría preguntar ¿Y yo que tengo que ver con la historia? ¿Por
qué yo que soy memoria, indefinida, sin límites ni cierre,
tengo que ser histórica?
La historia es la narración de hechos (1) de lo que ha pasado.
Un hecho es un hecho y un hecho es lo que es, como también la
persona que tiene que ser el que es. Hay hechos naturales que se repiten
como los terremotos, los eclipses o el diluvio universal. Esta es la
historia natural.
Para el hombre los hechos de los que se trata son culturales en el
sentido más amplio, por eso la historia propiamente dicha es la del hombre.
La historia de hechos irrepetibles pero contingentes, en tanto que lo
que ha sucedido podría no haber sucedido.
Si razonamos con Homero en lo que podría ser una memoria colectiva
en La Ilíada, lo que nos queda son los nombres propios, los nombres
de los héroes y los dioses. Los nombres propios son índices,
son palabras que no tienen significado, una paradoja, recordamos lo que
no significa nada. Y también, el recuerdo de tantos muertos anónimos
(2). (Lo que ha pasado)
Dice Heráclito: “que lo que es Homero, se merecía
que se le arrojase de los concursos y se le apalease, y también
Arquíloco lo mismo.” (3). Pero la lógica de Heráclito
no desmerece nuestra referencia a Homero por la historia de los mitos
o los mitos de la historia.
Herodoto al comienzo de su primer libro refiriéndose a las costumbres
de los persas y a la guerra, comenta –como dicen los persas– que
jamás se les ocurriría hacer una guerra por una mujer,
Troya en este caso. El traductor de la extensa narración de Herodoto
se esfuerza en sus notas acerca de las fuentes de información
de Herodoto y de la verosimilitud de la narración, de los ríos,
de los vientos, de los templos de las distancias, de las genealogías,
etc. Problema de la verdad en la historia.
La historia como dijimos de la memoria parece ser también un
indeterminado, un indeterminado que no admite cálculo ni causalidad
y: lo que se dice de lo que ha pasado se dice siempre desde el futuro.
Lo que resulta algo contradictorio, ver el pasado desde el futuro, porque
el futuro es lo que no ha pasado y ‘lo que no ha pasado no ha pasado’,
de Perogrullo, ‘lo que no ha pasado no ha pasado’ Entonces ¿cómo
conciliar el tiempo con la verdad?
Lo que sucede, los hechos culturales sucede por las ideas (los ideales)
y los afectos (sentimientos) desatados. Ideas, cualquier idea, son todas
ideales, y sentimientos. Lo que se repite es muerte siempre muerte. Los
ideales son creencias apasionadas donde no distinguimos en el apasionamiento,
que sean creencias religiosas o ateas o científicas o filosóficas.
Esta repetición de muerte se reparte en ideas diversas pero siempre
absolutas. Todo. Es así que estas ideas y estos sentimientos son
el motor de la repetición, para pedir prestado el término
al materialismo histórico y la lucha de clases.
Nos recuerda Javier Frere en su convocatoria a pensar si se puede aprender
de la historia, en tanto el argumento de que si: “aquellos que
no aprenden de la historia están condenados a repetirla”;
bien, historia y repetición. A pesar de todo la muerte se repite
siempre por las mismas cosas.
No hay olvido posible por los sentimientos aunque las creencias
sean diversas pero, los sentimientos del cuerpo, reír o llorar
tienen la misma fuerza, de los dos lados el sufrimiento y la muerte,
y si es de los dos lados es del mismo lado. El mismo lado es el lado
de la muerte que prometen y administran los tiranos, las oligarquías
y las democracias; para las democracias recordamos el pensamiento, no
los nombres –nombres propios– de Protágoras, Sócrates
y Anaxágoras, para hacer memoria. Memoria histórica.
Tendría que haber justicia –una virtud antigua (fundamental)– porque
sin justicia y el ejercicio de la verdad, verdad, dogma que Freud reclama
para el psicoanálisis, los afectos y los sentimientos se desatan
para mal de todos. El sufrimiento de muerte y guerra de una sociedad,
sólo puede hacer camino, en justicia, por la palabra, por la verdad,
pero la verdad tiene un gran problema y es que ella quiere hacerse toda.
Toda la verdad. Y esto es inevitable, es vanidad, semántica: verdad,
creencia y realidad son lo mismo en esta lógica de Todo. La historia
vuelve a repetirse, a pesar de lo que se pueda haber aprendido de ella.
Hay algo incurable para el ser humano que tiene que tener un ser: total
y completo, incurable y mortífero. Leví-Strasuss ya muy
mayor no quiere hablar con nadie, para Freud hay un imposible con lo
que repite la muerte. Dice Lacan en sus Escritos: “¿Nos
tocará a nosotros (psicoanalistas) camuflar de cordero rizado
del Buen Pastor a Eros el Dios negro?” (4).
Desde los tiempos míticos siempre hay un jefecillo y a su lado
el hechicero mandando los dos en el alma de la gente que tiene que ponerse
a trabajar con el cuerpo y, si en esto del trabajo mandado quedara algo
de femenino, naturalmente a la cocina, porque no se sabe que hacer con
ello.
La historia de la ciencia empieza con la escritura. Con Aristóteles
y Platón empieza la ciencia, Aristóteles hará de
las proposiciones de la lógica antigua letras: todo ‘S’ es ‘P’ y
ya se sabe que la letra mata. Con las letras del saber el amo engorda,
así el saber, la ciencia se hace amo, saber y amo van de la mano,
de la mano con el Dinero. (5). Simbolizar las imaginerías acerca
de la Naturaleza (Física) y de los dioses, simbolizar, poner fórmulas,
letras: esto es de una eficacia insultante, lo que es tener éxito,
pero, esto es también los estragos del discurso del saber, universales
de los que se sirve el amo, ‘Todo’, todos a trabajar para
que no pase nada de verdad, pero aún así ninguna ciencia
o filosofía puede quedarse tan tranquila con este fragmento conmovedor
de Heráclito: “Y las cosas todas las timonea el rayo”(6).
Rayo, fuego inteligente, uno de los nombres que Heráclito da al
lenguaje.
El psicoanálisis reconoce bien los beneficios de leer lo que
ha pasado desde el futuro, el deseo es futuro.
El deseo: niño; para mañana, para tu cumpleaños,
para los reyes magos, ahora no, para mañana…
– ¡Cómo para mañana, niño! En mañana
no vive nadie, en el futuro no hay vida, lo que hay para la vida es ahora.
La historia subjetiva, la historia de cada uno lo que lee es interpretar,
hablar, y esto de ponerse a hablar hace resonar las ideas sin proponérselo,
los ideales, ideas fijas. La neurosis tiene un sufrimiento de amnesia,
uno no quiere acordarse de uno mismo. (No quiere acordarse de desprecios,
humillaciones, desaires, vergüenzas, vanidades) La represión –una
cuestión habitual, uno no se quiere enterar– idiotiza porque
provoca amnesia de lo pensado o lo sucedido, pero el afecto y los sentimientos
tratan de encontrar una salida, una realización, y el camino más
fácil es el que lleva al cuerpo y lo va matando repetidamente,
lo enferma sin cesar en el empeño de no querer acordarse de uno
mismo. Una medicina que trajo el psicoanálisis (en sus ejercicios
de la memoria subjetiva) es hacer memoria y, sobre todo, no creerse que
uno mismo es uno mismo.
Notas
1. pragma, factum, res gesta.
2. “Homero tuvo la habilidad de hacer que los griegos se aviniesen
a estimar al enemigo que habían derrotado; y les hizo sentir el
placer, desconocido o rarísimo en aquellos tiempos, de jactarse
y complacerse por una victoria sobre un enemigo noble y valeroso. Fue
Homero quien realmente concibió ese placer, fue Homero quien lo
creó , no era propio de la época, no surgía de la
manera de pensar y de las disposiciones de aquellos hombres, sino que
nació de la poesía de Homero; Homero, por decirlo así,
fue quien lo inventó. Eso le permitió multiplicar y entrelazar
los intereses, variar las pasiones y los efectos producidos por su poema
en el ánimo de los lectores.” Leopardi, G., Zibaldone
de pensamientos, Ed. Tusquets 1990, pág. 218.
3. García Calvo A., Lecturas Presocráticas II, Razón
Común Edición crítica ,ordenación, traducción
y comentario de los restos del libro de Heráclito. 29 /
42 D-K, Ed. Lucina 1985, pág. 94.
4. Lacan J., “La dirección de la cura y los principios
de su poder”, Escritos I, Ed. Siglo XXI 1971, pag. 238.
5. “¿No estaremos en efecto justificados para sentirnos
aludidos cuando se trata tal vez para Dupin de retirarse por su parte
del circuito simbólico de la carta ─nosotros que nos hacemos
emisarios de todas las cartas robadas que por algún tiempo por
lo menos estarán con nosotros “en sufrimiento” (en
souffrance) en la transferencia ¿Y no es la responsabilidad
que implica su transferencia la que neutralizamos haciéndola equivaler
al significante más aniquilador que hay de toda significación,
a saber el dinero? Lacan J., Escritos II, Ed. Siglo XXI 1975, Pag.
37.
6. García Calvo A., Ibíd. nota 3, 84 / 64 D-K, pág.
251.
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