temas clave: psicoanálisis Lacan política pensamiento revista digital |
H.V. Tertulia Política o Psicoanálisis Público es el nombre de la tertulia que llevas en el Ateneo de Madrid desde 1997. Sostienes allí que se trata de una guerra y que está en cuestión la propia realidad, la persona. A. G. C. Una guerra contra el Poder, que es lo que trata de matar las sin fin posibilidades reduciéndolas a probabilidades y futuro. La presentación y discusión de los engaños y desengaños que los contertulios aportamos ha venido siendo una guía para lo que importa en esa guerra, mantener viva la pregunta y las dudas (vida de la razón común) contra la Fe, que el Poder, el Capital y Estado y la Realidad misma, necesita para sostenerse, y también la realidad de la persona de uno mismo: se trata del descubrimiento, interminable, de las mentiras con que la realidad, y la de uno mismo, tiene costantemente que defenderse de su perdición en la verdad, o sea lo que nadie sabe.
H.V. En la canción que sacabas con motivo del derrumbamiento de los bloques de Nueva York, “La fe levantó esas torres: / la fe las ha derrumbado”, se impone ese asunto de la fe. ¿Puede ser la fe la causa de semejante tragedia, hay otras causas, se trata de un argumento teológico? A.G.C. Lo que ante todo surge con ese ejemplo es que la distinción entre unas fees y otras es una trampa y una distracción: todas las fees son la misma; y el ver cómo en ese caso se aparean en duelo la Fe más actual y dominante, que es la fe en el Capital, y una fe en otra forma de Dios más arcaicas es ilustrativo. La noción de ‘causa’ es engañosa, porque trata de esplicar unas realidades a partir de otras, ocultando así la contradicción costitutiva de la realidad misma. Sólo se puede decir de esto “teológico” una vez que se ha reconocido que el Dinero es la cara de Dios dominante hoy entre nosotros, y las otras caras de Él que se conservan desde luego no la contradicen: la Fe en cualquier cara de Dios consiste en la remisión al futuro (el crédito, el éxito, la gloria eterna), a fin de evitar el peligro de que se viva y se piense ahora; y la fe en uno mismo consiste en creer que uno es el que es, el costituído por su muerte siempre-futura.
H. V. En tu edición y ordenación de los fragmentos del libro de Heraclito el lector se encuentra con lo que no se había hecho, la lengua o razón, logos. Uno de los fragmentos reza como sigue: “Me investigué a mí mismo” (fr. 34 / 101 D-K). ¿Es acaso posible esa condición o es engañarse uno mismo? A. G. C. Si ‘uno mismo’ es el que, real – y falsamente, es, por supuesto que se le puede investigar, como a cualquier otra realidad. Que el que lo investiga sea el mismo que al que investiga (que el índice de la 1ª Pers. de investigué apunte al mismo sitio que el Complemento a mí mismo), eso no puede ser, ya que es elemental que lo que habla de una cosa esté fuera de la cosa de la que habla. Por tanto, la operación no puede venir a dar en un conocimiento (al modo que en el frontón de Delfos se ordenaba “conócete a tí mismo”, despertando la duda y burla de Sócrates), sino en un descubrimiento de la mentira costitutiva de ‘uno mismo’.
H.V. Te has manifestado en el sentido de que lo que importa de Freud es que es contradictorio. La contradicción, en lugar de hacer desmerecer su obra, es justamente lo que tú encuentras de valor y de verdad en sus escritos. A.G.C. ‘diá-logo’, ‘dia-léctica’ viene a ser, pasando al latín, lo mismo que ‘contra-dicción’, y cualquiera que haya entrado un poco en el arte de que Freud nos ha dado ejemplo reconocerá que sin diálogo (con otro, con uno mismo), sin contradicción, no tiene sentido la operación psico-analítica. La “obra de Freud” no es, desde luego, una pura operación psico-analítica, sino que en ella vienen revueltos con eso intentos y contra-intentos de ‘teoría’ o ‘ciencia’: es la contradicción de la contradicción viva con el la conclusión o resultado, muerto. La operación psico-analítica que la lectura de la “obra de Freud” ha hecho conmigo ha debido consistir seguramente en la percepción, más viva tal vez que en ningún sitio de esa lucha entre la cesión a la necesidad de ‘saber’ y el amor del descubrimiento de la falsedad de la realidad y persona, el amor de la verdad desconocida. |